Mamé sangre de tus pechos, sentí tu aliento en un rincón oscuro mientras con los ojos abiertos soñaba asustado entre ropa vieja. Anciana desmesurada de ponzoñosos dedos que hurgaron mis entrañas. Caprichosa prostituta que tan sólo sonríes al buen pagador. Robaste mi alma en el estertor de un gris invierno; un beso de ceniza que dejaron mis labios secos.
Soy una simple figura de tu maldito juego. A ti, yegua de crispada mirada, sinrazón desbocada que me arrastraste por caminos polvorientos, risa desdentada de hálito corrompido; a ti que dejaste marcada mi piel con tus pisadas, tirana, embaucadora… Hoy desnudo mi cuerpo, para ti y ante ti. Desnudo de dioses, de odios y de cualquier otra cosa que no sean mis cicatrices y el rastro de un puñado de caricias. Así quiero mostrarme para sin apartarme de tu mirada escupirte a la cara; esta es mi respuesta a tu brutal juego, pues hagas lo que hagas, ya no podrás robarme el último beso que me dieron.