Jueves, 16 de marzo de 2006
El hombre de mirada que se escond?a y la boca que instilaba saliva par? al ni?o entre el resquicio de la puerta entornada; no era de all? porque despu?s se supo que nadie le conoc?a. Le dijo que le daba el pu?o de metras, el rollo de hilo de elevar papagayo, la moneda grande, el trompo con la franja azul, ah y los caramelos, todos los caramelos que ?l quisiera de la lata. El ni?o s?lo ten?a que entrar si quer?a hacer el negocio y jurarle despu?s que no le dir?a nada a nadie.
El ni?o se le encim? un poco y le hundi? en el ojo m?s sanguinolento la espina de pescado que reci?n acababa de recoger de entre los desperdicios de la venta diaria junto a las monta?as de durmientes de ferrocarril que cargan los barcos de la costanera. Por todo el resto de su existencia el sujeto carg? consigo su cuenca vac?a a trav?s de la cual pod?a advertirse el interior del alma totalmente desolada e interminable.
Publicado por Atreyu15 @ 18:26  | Micro-relatos
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Publicado por Invitado
Domingo, 31 de agosto de 2008 | 7:40
bien