"UN INSTANTE"
Te moriste solo, borracho, de frío y miseria solitaria, de olvido, un olvido intenso que te llevo a no saber quien eras, quien habías sido. Un invierno como otro invierno cualquiera, entre las paredes de cartón de tu casa, olvidado de todos. Nadie recuerda como te llamabas porque nunca se supo tu nombre, el nombre por el que tu mismo te conocías. Nadie te lloró, te fuiste dejando una soledad de asfalto y hormigón donde la uniformidad de lo correcto no seria rota en algún lugar por aquella figura desastrada y pintoresca de un hombre sin nombre. En otros tiempos vestías Lewis de pitillo y niqui Lacoste, en una época en que solo los pijos vestían así, despeinado y con barba de un mes te acercabas a la gente para contarles como se había ido la mujer que amabas y con ella el sentido de tu vida, de la vida que hasta ahora había llevado .En algún lugar del tiempo te esperaban el embalaje de cartón de una nevera como casa, como ataúd ¿Qué se sentiría? ¿Dolor? ¿Miedo? ¿Cómo seria el último momento? ¿Merecería la pena ser consciente de él, o que ocurriese sin serlo? ¿Túneles de luz? ¿San Pedro con las llaves del cielo? ¿O tal vez el mismísimo Satanás esperándote con una sonrisa? ¿La misma que Dios a las puertas de no se sabe que? Tal vez fuese un dulce sueño en la montaña, con la nieve y el agotamiento cubriéndote como una noche eterna, tumbado boca abajo y la cabeza apoyada sobre un brazo, en la posición de dormirte para siempre. No te preguntas que te llevó allí porque te preparas para el último momento, que sabes como llegara. A pocos metros sobre ti queda ese ocho mil al que nunca llegaras y del que nunca te iras, y antes de cerrar los ojos por ultima vez, sueñas que te quedaras en la montaña para siempre, convertido en un cuerpo momificado por el frío, guardián o esclavo, parte de un todo. Piensas si será eso una manera de reencarnarse mientras los ojos se te van cerrando lenta y dulcemente. En otro tiempo venteabas hembras mientras soñabas con cimas imposibles, joven por las calles de una ciudad antigua, ahíto de cerveza y amigos, de vida. Una parte del ciclo de lo que existe, un instante solamente, y ni siquiera es el último, ni siquiera es el más importante. Instante que puede prolongarse una eternidad, los cinco minutos que tarda el veneno en hacerte efecto, recostado contra un árbol en algún lugar de la selva, también con el conocimiento de lo que va a suceder, mientras el dolor de la mordedura comienza por hacerse mas intenso, después vendrán las convulsiones y por ultimo la vida te abandonará. ¿Que piensas en esos momentos en que la vida y la muerte te requieren a partes iguales? ¿Quién te esperaba al final del túnel, de ese túnel que acabas de cruzar? Las hormigas apenas tardarán un día en hacer su trabajo, con el tiempo tus huesos serán parte de la tierra ¿Será eso una manera de reencarnarse, o solo un deseo de eternidad? En el poblado esperan tu regreso, hablando sobre la pieza que traerás, pues eres un buen cazador y para ellos todavía estas vivo, y tú sin saberte muerto ¿Sentiste algo aparte del dolor de la mordedura?
Cenizas volando entre las hojas de los robles, sobre las olas de una mar en calma, enterradas en algún lugar de un corazón. Un viento las dispersa por todos los rincones del mundo, llevándolas a la memoria de una vida.