Hace unas cuantas vidas recorrí las antiguas calles de Cimavilla, buscando...y encontrando, entre otros personajes me encontré con "La Tarabica"...entre otros. Vi esta entrevista publicada en el periódico La Nueva España, ahí os la dejo. Con el permiso del administrador, de el periódico, y sin ánimo de lucro.
Entrevista a la Tarabica
Entrevista de la Nueva España a la Tarabica. Jueves, 9 de junio de 2005
"CIMAVILLA NUNCA PASÓ FAME EN LA POSGUERRA GRACIAS A LA RULA"
Fredesvinda Sánchez, "La Tarabica", pertenece a una conocida familia de pescadores de Cimadevilla. Nacida en 1928 en la plaza de los Remedios, esta "playa" cuenta con el desparpajo y el buen descaro de los vecinos del barrio alto. A pesar de su amor por Cimadevilla, la Tarabica se ha visto obligada a exiliarse a El Llano, aunque no pierde la esperanza de poder regresar a vivir cerca de la Atalaya."Nací, viví y quiero morir en Cimavilla", apunta.
- ¿Qué hace una playa de toda la vida viviendo en El Llano?
- Me fui a vivir hace dos años a la calle de Echegaray porque tiraron la casa en la que vivía en la plaza de la Corrada, pero no me encuentro en absoluto, tengo que ir todos los días a Cimavilla porque yo sin ver la mar me muero. Estoy intentando alquilar un piso en el barrio alto pero es una vergüenza, están los pisos destartalados y piden muchísimo dinero por ellos. Están echando a la gente del barrio de toda la vida y lo intentan hacer para gente con dinero, que no tienen cabida en el barrio pesquero.
- ¿Prefiere el Cimadevilla de antes o el de ahora?
- Sin duda alguna el de antes. Los de allí de toda la vida añoramos el estilo del barrio de antaño. Nos conocíamos todos los vecinos y hacíamos mucha vida juntos. Por ejemplo, en la plaza de La Corrada salíamos todos juntos a comer antes de marchar a la rula. Poníamos unas mesas, unos chicharros y una lechuguina y le comprábamos a "Ludi la Escaparita" unas naranjas para el postre. Nos juntábamos como 50 niños de varias familias distintas: de la "Mañuguera", Marina "la del demonio", "El Guitarra", "La Pinta" y "El Chepu". Éramos felices con lo poco que teníamos.
- Pero eran tiempos difíciles......
- Aún en las peores épocas de posguerra, en Cimavilla nunca pasamos fame, con la rula siempre había algo que llevarse a la boca. Además teníamos nuestros propios trucos. Por ejemplo, mi madre, Julia "La Tarabica", vendía la cartilla de racionamiento por unas perronas y luego denunciaba que la había perdido para poder dar de comer a sus cinco hijos. Aun así, mis padres nacieron humildes y murieron humildes, pero siempre fueron muy honrados y nos enseñaron cómo comportarnos en la vida.
- Usted pertenece a una familia de pescaderas muy arraigada en el barrio.
- "Les Tarabiques" siempre fuimos pescaderes. Mi madre, mis tías, mis hermanas... Yo iba desde la rula hasta El Cerillero con una caja en la cabeza cantando "sardinasssssss". La gente se asomaba a las ventanas, regateaban con el precio y bajaban con un plato para que las echase en él. Me gustaba la calle, no quería estar encerrada en la antigua pescadería ni parada en la rula. Empecé con 12 años a vender pescado y hace once que me retiré, me entró una depresión que casi me lleva a la tumba.
- Más de cincuenta años vendiendo pescado dan para muchas historias.
- Infinitas. Unas buenas y otras no tanto. Recuerdo un Viernes Santo de procesión, yo iba con Chelo "La Balancha" gritando: "Bocartessss, de ahora vivinos". Ese día no se podía vender y los chigres tenían que estar todos cerrados porque era Semana Santa. Pero nosotras nos arriesgamos y salimos. Vino entonces un guardia al que llamábamos "pasos largos" y nos llevaron al cuartón durante todo el día. Tuvimos que tirar todo el pescado que llevábamos.
- ¿Qué supuso para Cimadevilla el traslado de la rula?
- La rula fue lo mejor que tuvo Gijón y ahora lo han quitado para poner las oficinas del puerto deportivo con dos guardias. ¡Menudo cambio! En los años sesenta llegaba a haber diariamente 150 barcos boniteros, que descargaban en el Muelle. A las cinco de la tarde no tenías dónde meterte. Sacaban el chicharrón y el bonito y los apilaban en el paseo. Se vendía todo en poco tiempo, auque a veces la rula se prolongaba hasta las dos de la mañana. Había incluso barcos que no podían atracar en el puerto y tenían que desviarlos hasta El Musel. Ahora quieren que sea turístico y se tienen que dar cuenta que esto no ye Puerto Banús. Sólo tenemos un mes y medio de verano, así que no puede ser una ciudad turística. La culpa de todo la tuvo Areces, entonces alcalde de Gijón, que quiso acabar con la cultura de Cimavilla.
- ¿La mar daba de comer a todo el barrio?
- Si. Las mujeres vendíamos pescado y los hombres salían a la mar. Había barcos de altura, como los de "Malenchu", "Loché", "Ratablanca" y "Mijares". Luego estaban los auténticos pescadores, los que salían solos en un bote de remo y estaban toda la noche al palangre y pescando marisco para volver a puerto a las seis de la mañana y venderlo. Corrían muchos riesgos por las tormentas y lo enclenques que eran los barcos. A mi padre lo dimos tres veces por muerto, pero al final siempre volvía. Eso sí, los botes quedaban destrozados por los temporales.
- ¿Se ha perdido esa cultura marinera?
- Ahora la mar está maldita, no hay pescado, por no haber no hay ni muiles. Además los barcos son mucho más modernos. Están acabando con todo. Aún recuerdo cuando no había ni relojes y "el rapaz de la lancha" iba de madrugada casa por casa llamando a la tripulación. Hacían una piña e incluso se repartían las ganancias semanales los sábados en el chigre.
- ¿El cierre de la Fábrica de Tabacos supuso otro mazazo?
- Hace cincuenta años trabajaban más de 1.500 mujeres en la fábrica, que daba muchísima vida a la zona. Por poner un ejemplo, las calles más comerciales del barrio eran las que iban hasta la Tabacalera, es decir, la subida de la colegiata y la calle de la Vicaría. Estaba la tienda de Josefa "La Tarabica", la carnicería del "maricu", la tienda de "María faldón cagáu", la tienda de Balbina, la churrería de Catalina, el bar de Luis... Algunos comercios cerraban a las cuatro de la madrugada y volvían a abrir a las seis, con el primer turno de trabajadoras. Luego quitaron la fábrica y quitaron media vida a Cimavilla. Así ye, guapina.