Este es el primer relato escrito por Morticcia de Notredam, ahí os lo ahorco. Leedlo y decidle que os parece. Para escribir solo hay que tener algo que decir, si tenéis algo animaros, no seáis tímidos, el hacerlo peor o mejor solo es cuestión de tiempo y de poner muchas palabras en el papel.
LA VENGANZA DE JIMENA
El río bajaba lleno y encima del puente me vi reflejada en el agua. Con las flores en la mano observé como las truchas bordeaban mi sombra acariciándola a veces, otras saltando fuera del agua, cebándose, atrapando en el aire los insectos que a buen seguro serian su comida. Miré al cielo y me di cuenta de que si no me daba prisa la noche me caería encima a la vuelta...entonces eché a andar.
Cuando iba al pueblo de mi madre solía ir paseando hasta el cementerio, me daba paz aquel sitio, realmente me sentía bien yendo a visitar a mis antepasados, me los imaginaba en sus ataúdes, sonriéndome, orgullosos de que alguien se acordase aun de ellos. Sus almas pertenecían ya al diablo, pero sus huesos seguían allí guardados, y eso era importante para mí, porque la misma sangre que corría ahora por mis venas corrió antes por las de mis parientes difuntos.
Seguí caminando, dejando atrás el puente y el río, y fue entonces cuando empecé a ver a lo lejos la silueta tenebrosa de la iglesia casi en ruinas, los vecinos del pueblo la habían descuidado, y daba la impresión de que un viento un poco fuerte la derrumbaría. La iglesia se hacia mas grande a medida de que me acercaba, y comencé a intuir el paredón que en su interior atesoraba el antiguo cementerio"
Abrí el portillo de rejas, me santigüe y a continuación contemple maravillada como hasta en
la decadencia mas absoluta se puede encontrar algo de belleza, aquel camposanto era la prueba mas evidente de ello, sus cruces parecían darme la bienvenida, algunas estaban medio caídas, como si estuviesen haciendo una reverencia eterna, me fascinaba mirar las estatuas al pie de los sepulcros, su gesto transmitía la frialdad del mármol en el que vivían encerrados aquellos ángeles.
Camine despacio hacia la zona donde mi familia tenia el panteón, a medida que avanzaba iba leyendo epitafios:
AKI DESCANSA ALGUIEN KE SUPO SER FELIZ KON MUY POKO"1890-1943"
TU MUJER Y TUS HIJOS NO TE OLVIDAN...
FUI LO QUE ERES, SERAS LO QUE SOY...
Me detuve en la tumba de una niña de 7 años que era como una leyenda en el pueblo. La habían encontrado muerta en el bosque sin aparentes signos de violencia, o al menos eso se dijo en su momento, lo cierto es que nunca se supo que paso con la pequeña Jimena. Unos decían que quizás se podía haber caído jugando, dándose un golpe fatal,
otros que había sido una muerte natural, pero la mayoría murmuraba que un Señor muy rico y respetado que habitaba en el pueblo se había encaprichado de la niña, y con el poder de su dinero había enmascarado el crimen. Aunque era un secreto a voces, la gente tenía miedo.
Ocurrió allá por el año 1934. Hablaban de un hombre raro, frío, la familia de la niña eran unos pobres campesinos, al final todo se quedo así.
El acaudalado Señor no tardo mucho después de aquello en fallecer, y estaba enterrado en ese mismo lugar, muy cerca de la niña, pero en el mejor panteón del cementerio. Era una especie de capilla negra.
Con la losa de la niña dando en mis rodillas, mire hacia la capilla del señor Norberto del Moral, que así se llamaba, y sentí como todo mi cuerpo se estremecía, incluso me pareció que los cipreses que rodeaban el cementerio rezaban un padre nuestro...pero era la brisa que los agitaba. Percibí la carita de la niña pudriéndose...y luego imagine su calavera, la imagine saliendo de su tumba, con cientos de gusanos retorciéndose entre sus pequeñas costillas, elevándose majestuosa, sin ojos. Y así a ciegas la vi ir a buscar el cuerpo de su verdugo, sacarlo de el ataúd, arrastrarlo, y vengar todo lo que le había pasado, comiéndose la poca carne que aun le quedase a el cadáver del anciano,
desmembrándoloy repartiendo luego sus huesos a lo largo de el cementerio, para que algún perro vagabundo acabase llevándose parte de el, para que los cuervos viesen como a el diablo también se le puede vencer mas tarde o mas temprano. A todos nos llega la hora de pagar por nuestros pecados.
De repente sentí que una mano me agarraba del hombro, me di la vuelta...era el enterrador.
-señorita, voy a cerrar, está haciéndose de noche.
Yo asentí como pude y me di cuenta de que llevaba cerca de dos horas allí y aun no me había acercado al panteón de mi abuelo, vendría otro día. Miré las flores que llevaba en la mano y las deje caer encima de la lapida de la pequeña Jimena...descanse en paz...Amen.
El enterrador y yo comenzamos a caminar en silencio por el sendero que llevaba a la puerta del camposanto, se había hecho tarde, el hombre sacó unas llaves de su bolsillo y se dispuso a cerrar la puerta de hierro, en ese momento comenzó a llover, fue entonces cuando note un suspiro en mi oído, sentí su aliento pasar a mi lado, me di la vuelta y la vi a lo lejos, estaba de pie encima de su propia lapida, diciéndome adiós con la mano, mire al enterrador y me di cuenta que el no veía a la niña. Seguí caminando...uno...dos...tres, cuatro pasos y no aguante mas sin darme la vuelta a mirar, Jimena se estaba metiendo en su tumba, y yo volvía a mi casa.