Navega el velero en el día del señor, con vela viento, en cubierta un viejo perro y un joven grumete que no lo es tanto, duermen las ninfas del mar, y el amanecer se vislumbra de tormenta, por estribor. El capitán sigue calentando el culo en su coy, y ni siquiera tiene la excusa de llevar encima cinco pintas de aguardiente para no subir al puente. Tocan zafarrancho de combate y la marinería escondiendo el pellejo en la sentina.
De pases por la quilla ni hablamos, esto del buen rollito no es solo cosa del Bambi. ¡Lo que hay que ver con el ojo sin parche!.