A un señor muy misterioso que tenía un lápiz le decían “el señor del lápiz dorado” y él estaba, al parecer, muy orgulloso de tenerlo. Mucho tiempo después vino a saberse, cuando el misterioso señor había muerto, que todos los libros que escribió sólo en la oscuridad podían leerse porque la escritura de aquel lápiz dorado estaba hecha de luz.