He podido observar que en casi todas las capitales hay un Teatro Principal, eso por si solo, implicaría que debe haber otro u otros que serían secundarios; pero en casi todas el "Principal", es el único. Es el último representante de otros tiempos que queda como renovado botón de muestra para que nuestros hijos y nietos sepan que hay/hubo otras alternativas al cine, la televisión o internet.
En casi todas las capitales hay un casino, un circulo de algo (la amistad, el trabajo, las bellas ártes, etc..), un vestigio del pasado, de los tiempos en que se buscaba conversar, leer el periódico tomando un café, una copa o fumando un puro con suficiente relajo. en todas, es el último lugar tranquilo para estar, sin mas. Permanecen como aislados remansos de calma antigüa entre la velocidad de la vida moderna.
En casi todas las capitales hay un colegio, tal o cual, con determinadas caracteísticas, suele ser un edificio clasico o viejo, que permanece a pesar de los años, como último baluarte de otra forma de enseñar, ni mejor ni peor; disinta, por el tipo de valores que trata de inculcar en los jovenes a los que educa.
Resisten como últimos foros ante las LOES, LOGSES, LODES, y otros sistemas de enseñanza que nos trae cada nueva legislaura, para uso de los modernos colegios navajeros y acosadores,
En todas las ciudades hay un centro comercial, mayor o menor, uno o varios, todos tienen lo mismo; hipermercado, multicines (quince salas), Zara, Mango, Springfild, Pull & Bear, camper, Martinelli, y se reparten educadamente M'donalds o Burger King, Telepizza o Pizzahut, Bocata o Pans & Compani, Cafe y Té o Jamaica, y en todos, una sala de juegos.
En todos ellos la tranquilidad nunca ha estado allí, la calma no los conoce, el estar por estar, sin consumir es imposible, tradición, educación, modales o valores, no se han visto, aunque todo esto lo remedad y copian para mejor vender.
Todo esto en si mismo no está mal, hace que todos puedan tener las mismas oportunidades, pero lo anterior que describo, es algo que no deberíamos ni perder ni olvidar en aras de nuestra salud mental y espiritual.
Al igual que no es cierta la frase de que cualquier tiempo pasado fue mejor, cualquier tiempo futuro tampoco tiene por que serlo.
He dicho.