Uno de los lugares mágicos por excelencia es sin duda el lugar en el que se ubican
los Colosos de Memnón. Quizás por la creencia o quizás por su propia realidad, existe una leyenda en torno a las enormes moles de piedra.
De camino al Valle de las Reinas en la ciudad de Luxor (Egipto), vemos dos descomunales figuras que se alzan en el la planicie. Se trata de las estatuas del faraón Armenhotep III que miden cerca de 20 metros de altura cada una. Estos vigilantes de piedra, permanentes en su empeño, fueron construidos durante el siglo XIV a.C. y durante un seísmo de proporciones preocupantes durante el año 27 a.C. una de las estatuas se agrietó.
"Colosos de Memnón" en Kom el-Heitan. Al fondo, una parte del terreno en donde se asentó el recinto funerario de Amenhotep III
Al poco tiempo, unos visitantes griegos durante el amanecer se situaron junto a los colosos y escucharon suaves sonidos a modo de palabras aunque algunos dijesen campanas. Asustados se precipitaron a correr la voz y al poco tiempo el lugar se llenó de personas que los interpretaban como la voz de Memnón, que era el hijo de Eos, la diosa del amanecer. Por ello, creían que cada mañana cuando salía el sol, estas figuras saludaban el amanecer.
Muchos grabaron palabras, nombres, preguntas en la parte que daba a la salida del sol, con el fin de que las estatuas le respondiesen las mismas, así pues esperaban pacientemente a que el Sol apareciese por el horizonte, para prestar la mayor de las atenciones, e interpretaban los sonidos como si fuesen palabras. Hasta el mismísimo emperador Adriano, fue al lugar en algunas ocasiones para consultar cosas, en el 130 d.C. Según cuentan, llego a escuchar con toda claridad el sonido de un gong, cosa que interpretó como afirmación positiva del oráculo.
Grabados en los "Colosos de Memnón", en la parte que daba a la salida del sol. Los Colosos eran considerados como oráculos.
¿Cual es la realidad de este misterio? Posiblemente fueran los sonidos que se provocaban cuando la estatua de piedra se calentaba a la salida del astro. O quizás no, nadie lo sabe. Un investigador inglés, Paul Devereux, afirmaba que al igual que ocurre con algunos megalitos estas estatuas emitían un sonido ultrasónico y por consiguiente imperceptible, y al dañarse por el terremoto se convirtió en audible.
"Colosos de Memnón", estatuas del faraón Armenhotep III que miden cerca de 20 metros de altura cada una.
El caso es que desde el año 200 d.C. las estatuas no hablan pues el emperador Septimio Severo mandó repararlas y nunca nadie volvió a escuchar hablar al oráculo sagrado. Quizás este fuera el primer escéptico de la historia...
Pero nuestro consejo es que os acerquéis por allí ya que en cualquier momento, cuando salga el Sol... el oráculo podrá volver a hablar, ¿serás el afortunado oyente?
Una pregunta ¿Nunca se le ocurrió al gobierno egipcio borrar los grafittis griegos? Lo de Septímio Severo sin comentarios, estos de mantenimiento ya sabemos como son.
Dioses que crean el mundo, estatuas que hablan y ahora Buch quiere formar parte de la alianza de civilizaciones del presidente Zapatero; todo esto me suena a chirigota gaditana…
Bueno Nereida si consigues que alguien te traiga unas cacofonías de esas moles no dejes de ponerlas en el blog.
¡Quién sabe si el Septimio tenía miedo de que las estatuas se fuesen de la piedra_lengua y desvelasen secretos de estado y por eso mandó taparles las grietas!
No dudes, Atreyu, que si consiguiese esas cacofonías os las pondría jejeje.