martes, 14 de febrero de 2006
Pues nada, a llenar los cajones de ese armário que un día nos regaló el señor Atreyu, por mi parte los colmaré de trastos viejos, si no os gustan llamais al trapero.




-COSAS DE AQUÍ -


Los elevó suavemente una montaña de agua azul sin espuma, despacio, como cuando te vas a morir y parece que todo transcurre muy rápido y a la vez muy lento. La ola no rompió en la lancha, nació bajo ella, estrellando embarcación y hombres contra el acantilado, contra las rocas duras y eternas, rompiendo aguas, madera y vidas.
A Juanín y al "Canía" los sacaron unos buzos de la Benemérita dos días después de que la mar se los tragara. Salieron sin ojos, que siempre pasa, aquí todos sabemos que la pulga de mar lo primero que se come son los ojos de los marineros ahogados, también los cuervos se comen primero los ojos de aquellos que mueren en el monte y tardan más de dos días en ser encontrados, se conoce que las bestias le encuentran gusto a eso. Al "Vasco" no que ese salió solo, a puro güevo y miedo. El motor de la lancha apareció dos semanas más tarde colgado a mitad del acantilado, en una plataforma de la pared a quince metros de altura, lo sacó la mar un día de marejada, un día que bramaba como si Dios quisiera decir algo. Quedó en un altar de piedra donde se sacrifican vidas de hombres, parecía un cofre de acero que guardaba los corazones de Juanín y el "Canía", para que no se los coma la pulga marina y puedan seguir perteneciendo a los dioses de la mar.
El "Vasco" fue el único que se salvó, media milla hasta la playa, media milla de echarle un par de cojones y comerse el miedo y los recuerdos, siguiendo la línea de la costa hasta salir de las rocas y la resaca para poder acabar a cuatro patas sobre la arena, jadeando como un perro reventado, empapado, con la cara húmeda de agua, babas y lágrimas. El "Vasco" no era tal, ni siquiera lo parecía, era como aquel cantante de salsa que ahora no se nombrar, alto y más bien gordo, pero no obeso no, sino de esa gordura fuerte. Este era el tercer naufragio al que sobrevivía. El "Vasco" acabó colgándose una tarde de una viga de su casa, mirando a la mar. Se conoce que en los últimos momentos se arrepintió porque quedó en mala postura, con la pared arañada, puede que quisiera darse otra oportunidad, darse otro cuarto naufragio, pero a lo mejor, o a lo peor que eso nunca se sabe, ya se había muerto la primera vez, cuando venían de Irlanda de la costera del bonito y una ola inundó el barco, que tenía las escotillas abiertas, y mandó al "Ría de Pravia" y cinco tripulantes a mamar agua salada a trescientas brazas, en la oscuridad donde te quedas solo para siempre. A lo peor ya se había muerto aquella vez y no lo sabía, los demás tampoco aunque le notáramos un no sé qué extraño, quién lo sabe.
Por esta tierra a la gente le da por ahorcarse, raro es el año que no haya uno o dos por setiembre, siempre por setiembre cuando llega el viento de las castañas. Dicen que ese viento es eximente a la hora de cometer un crimen, que el juez te lo tiene en cuenta, pero creo que eso debe traerles sin cuidado a los que se cuelgan de una viga, o de un árbol. El "Vasco" se colgó de una viga y no quedó muy bien, yo no le vi. Hay ahorcados que quedan mejor que otros. Paulino el de El Regueral se colgó de un castaño y quedo más natural, tanto que uno de los guardias que fueron a levantar el muerto se le acercó a preguntarle por el suicida, Paulino se colgó muy bajo, los pies le quedarían a tres dedos del suelo, con los ojos abiertos y sin sacar la lengua, un brazo colgando y el otro cogiendo fuertemente la rama, parece ser que también quiso darse otra oportunidad, a lo peor lo de Paulino fue sólo una rabieta que le salió mal, vamos que no quería colgarse pero al final el destino puede más que uno ,y tenía su hora señalada en aquel castaño y a tres dedos del suelo. Cuando el guardia fue a preguntar al muerto por el muerto a todos nos dio un poco de risa, sólo un poco, por estas tierras hay que saber respetar para que te respeten, ciertas cosas se guardan hasta que se vuelven rencor, un rencor sólido que hace daño al que lo tiene, entonces hay que sacárselo de encima, y luego corren los odios entre familias y a veces también la sangre. Por eso sólo nos reímos un poco, pero es que daba algo de risa ver al guardia preguntarle a Paulino por el ahorcado.
Aquí, nos da por acabar los días en una viga o en la mar, también por reír y llorar, cosas sencillas. Unas veces por vivir y otras por morir, con seriedad, como los hombres de verdad, nada de quedarnos en casa llorando la miseria que nos tocó, mejor en el bar tomando vinos con los amigos a nuestro lado. Como Nacho al que el cáncer de hígado le dio cita con la muerte a tres meses vista, y él como siempre, más delgado pero como siempre, o al menos eso nos parecía. A Nacho lo ingresaron un día, así sin más, que a todos nos sorprendió el enterarnos. Dicen que los médicos le abrieron y al momento volvieron a cerrarle. La verdad es que si la cosa ya no tiene remedio, resulta cruel que te anden hurgando en las entrañas. Es cierto que si la muerte nos la tomamos en serio la vida a veces no, pero puede que la vida haya que tomársela un poco a broma, no mucho que tampoco conviene abusar.
Abelardo es muy serio para todo, por eso acudió al levantamiento del cadáver en cuanto le avisaron. También fue mala suerte, para el juez claro, que cuando le localizó la guardia civil estaba en casa de Manuela, que es una amiga con derecho a roce, como dicen ahora. Es sólo eso, ni puta ni querida, pero tiene al marido trabajando en el camión, a viajes largos, y ya se sabe que hay hambres que son muy malas de aguantar. Abelardo tiene mujer y dos hijos, es muy buen marido y padre de familia, una cosa no tiene que ver con la otra, además Manuela es una mujer madura con las carnes muy bien puestas. El sargento sabe dónde tiene que ir a buscar a la gente, por aquí nos conocemos todos y es tontería querer guardar ciertos secretos.
Hoy es día de feria y también de entierro, casi siempre hay un entierro, cada vez hay más viejos y menos jóvenes por estas tierras. Cada vez somos menos gente de aquí y más los que vienen de afuera. Veraneantes en la temporada, otros de fin de semana, y los de la ciudad que tienen casa aquí y trabajo y vida allí, aquí no, aquí vienen para dormir, también para jodernos el agua regando el césped, ellos no tienen hierba, queda mejor el césped inglés, verde, muy verde, regándolo a todas horas , como si les fuera la vida en ello o como si fueran tontos, también se bañan tres veces al día, y da la misma impresión, no se relacionan mucho, suelen contarnos cosas que ni nos van ni nos vienen, y el depósito del pueblo cada vez más vacío, y tenemos que racionarnos y al final acabamos jodiéndonos todos. Los que tienen ganado ya están preparados con aljibes propios, y las pobres bestias no sufren la sed , a los animales me refiero, por aquí somos más aficionados a la cerveza , o al vino fresco y unas tapas de callos, que para el calor tanto da. Hoy es día de feria y también de entierro, que luce mucho cuando coinciden los dos.
A la feria hay que llegar pronto y marchar tarde, a los entierros también, todo tiene un ritual y uno no debe saltárselo. Los entierros son a las cinco de la tarde, y los toros, que aquí no los hay ni falta que tenemos de ellos. La feria empieza antes, como debe de ser, y como en esta tierra ni nos gusta, ni podemos dormir hasta tarde, ya estamos levantados bien temprano. Llegamos a las nueve y casi sin desayunar, así que antes de nada entramos en "La Traviesa" a comer sólido y caliente, y tomar algo de vino, que tan de mañana parece que la cerveza no quiere entrar, pero todo se andará, además el día apunta calor, entre eso y el hablar con casi todos y de casi todo la boca pide refrescarse en su momento, sino la lengua se te pone seca y el ánimo decaído, igual que a Roberto que anda un poco desganado, como si le hubieran dado una tunda en el alma, o algo parecido. Hoy cumple un año, doce meses hace que se cayó por la borda cuando volvían del Gran Sol, estaban a cincuenta millas de tierra y se fue al agua por popa, un despiste como otro cualquiera, hay veces que los despistes te la pueden jugar y te la juegan. Nadie se dio cuenta hasta que llegaron a puerto. Volvieron el barco a toda máquina siguiendo la ruta por la que habían venido. Y allí estaba flotando en medio de la mar, haciendo el muerto durante horas para seguir viviendo. Nunca volvió a embarcar. Puede que le vengan recuerdos y por eso está así. Los recuerdos nunca preguntan si se puede o no, llegan y se te acomodan dentro, cuando son agradables te sientes como más joven, pero hoy no deben serlo, pues anda como en un estoy pero no estoy, así que andamos viendo la manera de levantarle el ánimo, por eso hacemos aquí la primera parada. Todos sabemos que le gusta la muchacha que atiende el bar. Cristina tiene las tetas firmes y suaves, digo yo porque la verdad es que nunca se las acaricié, pero así las imagino, lleva la barra con mucha gracia y los ojos siempre sonrientes, también tiene caderas de hembra, de verdadera hembra, unas caderas a las que un hombre puede agarrarse como un naufrago a la madera o un ahorcado a la viga. Despacha callos y vino a los que vamos a la feria de ganado, con mucho desparpajo a los hombres, con familiaridad a las mujeres, a los niños les pone refrescos y cortezas fritas y lo hace con cierta dulzura, con los hombres no, con nosotros tiene desparpajo y nos mantiene a raya, siempre sonriendo con la mirada.
En la mesa junto a la ventana está sentado don Ramón, el cura, despachándose una ración de hígado con pan de Galicia y vino de Logroño, está a lo suyo, sin hablar con la gente, que para comer no hace falta compañía, la tertulia vendrá por la tarde, y ya habrá tiempo para arreglar los asuntos del mundo y del alma, justo cuando el vino y el orujo empiezan a darnos una especial clarividencia para temas que en otro momento veríamos demasiado profundos, o estúpidos. Don Ramón no es mala persona, aunque que a veces se exalta un poco con el tema religioso, se le sube la mala leche y se pone un poco pesado con Dios, dale que te pego con el santísimo, empeñado en que seamos buenos católicos y todas esas cosas. A fin de cuentas aquí todos somos cristianos, que con eso será suficiente, así que no veo la necesidad de ir a misa todos los domingos a llenarle el cepillo, que Dios ni lo tiene ni lo necesita. Pero bueno son manías de cada uno y allá nos dejen con nuestras cosas. Además hoy anda un poco serio, anoche estuvo velando a Gerardo y casi no durmió. Últimamente se le acumulan los funerales y se le espacian los bautizos, y eso le pone de mal humor.
Gerardo murió en el camino hacia su casa, lo de él fue como una broma, de no se quién pero una broma. Gran bebedor hasta los sesenta años, hombre de dos borracheras, una por la mañana y otra por la tarde. Un otoño decidió dejarlo y lo consiguió durante diez años justos, tan justos que parece que lo hizo a posta, lo de empezar otra vez. Anoche decidió celebrar ese décimo año. La verdad es que no fue para tanto, a fin de cuentas solamente se tomó quince copas de coñac, pero se conoce que de la impresión el cuerpo se le desajustó, también dicen que estaba muy mayor y todas esas cosas, pero yo no lo creo. A los setenta años todavía segaba los prados con la guadaña, y una vez al mes visitaba a "La Andaluza", que tiene unas putas muy educadas y nunca te dicen no a nada. Poco antes nos comentaba que cada vez le faltaba menos para ser parte del universo, puede que ya se imaginara algo, que lo hiciese a querer vamos. Al fin y al cabo es una buena manera de morirse. Mejor que en la bodega de un pesquero, a trescientas brazas y calculando cuanto vas a tardar en respirar el aire que no se escapó del barco mientras se hundía.
El entierro es a las cinco, después nos pasaremos a dar una vuelta por los bares del pueblo, hablando de esto y de lo otro, pensando en Juanín y el "Canía", en el "Vasco", en Paulino, también en Gerardo, en los demás, y nos quedaremos por momentos callados, mirando al suelo y dando a la cabeza, pensando cosas que la verdad no nos apetece pensar. Así ,que para quitarnos ese gusto de feria y entierro, de vida y muerte, de hoy estamos y mañana no, nos vamos a "La Traviesa" a tomar la arrancada, a dejar que el corazón se nos ablande un poco, nada más que un poco, con el orujo y la juventud llena de vida de la muchacha que atiende la barra.
Cristina tiene caderas de hembra antigua que pare hijos para que la mar se los trague o se le ahorquen con el viento de setiembre, también para que cortejen mozas en las romerías, mozas que sonrían con la mirada, Cristina tiene caderas a las que un hombre puede agarrarse como un niño a su almohada, para dormirse sonriendo.
Publicado por seudolus @ 20:44  | La Marmita de Seudolus
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Comentarios
Publicado por Atreyu15
jueves, 16 de febrero de 2006 | 14:18
Muy bueno este relato. El tono, la narración; uno parece formar pare de ese pueblo, de la vida dura del mar. Salta este relato de uno a otro lugar como quien se da un apacible paseo por la zona y va conociendo a los personajes. Quizás lo que más me gusta es la crudeza con que narras las escenas, esa forma de decir: esto es lo que hay, son cosas de aquí.

PD ¿Para cuándo el segundo capítulo de la aventura del descubrimiento?
Publicado por seudolus
jueves, 16 de febrero de 2006 | 17:59
El relato es un paseo por estos pueblos, saltando de un lugar a otro, de un personaje a otro, de historia a historia. No hay crudeza en la narración, solo cosas de aquí, las de todos los días, que ni son crudas ni tiernas, simplemente son.
¿Descubrimiento? ¿No será el de la América esa que descubrieron unos aborígenes hace catorce mil años?
De bombones épicos no vamos a hablar ¿A que no?