Trataré de hablar de independencia política, ya que la otra, la que atañe a la independencia como ser humano, si la tratamos de manera global no deja de ser una utopía. Digo esto porque pienso que una persona puede ser independiente de algo pero no de todo; todos nos beneficiamos o nos vemos perjudicados, en mayor o menor medida, de la acción o inacción de los demás.
En efecto, la identidad de una comunidad no va ligada a que esté asociada a una u otra nación. La cultura propia de un colectivo, en algunos casos de tiempos ancestrales, en otros más cercanos de lo que suponemos, nace del aislamiento; la falta de comunicación entre los grupos de convivencia genera que cada uno de estos desarrolle su propia idiosincrasia, su única y diferente forma de afrontar el día a día, en muchos de los casos obligados por algo tan sencillo como la orografía y clima de la tierra que les abarca.
No tengo claro que ninguno de los gobiernos de la España democrática haya estado o esté por la labor de finiquitar la variedad cultural de cada autonomía. Creo que más que nunca, en cada Autonomía, se gasta una importante cantidad de euros en fomentar el propio folclore y cultura: se editan libros en lenguas minoritarias, se promocionan los productos con denominación de origen como nunca se conoció, se recuperan duendes, dioses, canciones y un largo etc., de unos tiempos casi olvidados, se vende la imagen de la propia Tierra como atractivo turístico inconfundible, y así un largo sin fin de cosas que ahora mismo se haría extenso de mencionar.
El aislamiento está desapareciendo, la comunicación es en muchísimos de los casos instantánea dando lugar a una mayor variedad de elección para el individuo, cuestión que da paso a lo que para mí es una paradoja, ya que al tener más variedad en la elección el resultado que se consigue da lugar a un grupo mayoritario.
Pedir, incluso exigir, la independencia no es acto descabellado, qué sería sino de los injustamente oprimidos y avasallados. No se dan estos casos en España, una de las naciones más antiguas del mundo. Aquí lo que abundan son separatistas, personas descerebradas con ideas obsoletas y carentes de sentido esgrimiendo consignas sin ningún tipo de consistencia. ¿Es razonable independizar una Autonomía por diferencias tan banales como idiomas en estado de coma, costumbres, etc.? Si se abre esta puerta ¿quién le puede negar la independencia a una ciudad? ¿A un barrio? ¿A una calle? ¿A un individuo? Es este a mí entender un paso que nos acerca al anarquismo palabra cercana al caos. Me enerva escuchar a ciertos políticos hablar de deudas históricas, me entristece ver como muchas personas dan crédito a esas palabras; la historia de España es muy prolija tanto en acontecimientos como en extensión y me atrevo a decir que no hay pueblo en esta Nación llamada España que, en uno u otro momento, no haya hecho algo que merezca la deuda del resto del territorio.
Autonomías que se han hecho ricas con el esfuerzo y dinero de todos los españoles (dentro del término españoles incluyo a los habitantes de estas zonas, ya que, les guste o no, tienen, por nacimiento, esta nacionalidad) buscan el divorcio para llenar su cuenta. ¿Piensan ellos devolver todo el dinero que el estado español invirtió en esos territorios? ¿A caso no levantaron esas tierras con su trabajo habitantes del resto de provincias españolas? ¿Cómo se paga todo lo invertido es esas arrogantes Autonomías y que supuso el ostracismo para otras?
España es una, no sé si grande y libre pero es lo que tenemos. Estoy en contra de los separatistas, sólo quiero un líder que gobierne con firmeza y honestidad, me da igual que lleve bigote sospechoso, sonrisa anormal, corona sobre su cabeza o estrellas en su uniforme.
Son los propios nacionalistas los que eluden un referéndum puro y duro, es decir una independencia plena, absoluta, total. El ejemplo de Québec es un varapalo muy fuerte para este tipo de personas que, repito, sólo buscan medrar de una forma personal.
Un saludo contertulian@s