lunes, 23 de enero de 2006


Aquel pintor tan pobre y barbilampiño no sólo llevaba pintado un fino bigote sobre su labio superior; también sus calcetines, que higiénicamente cambiaba cada día de color, eran pintados. Y la mujer con la que dormía estaba pintada sobre la sabana.
Publicado por Atreyu15 @ 18:29  | Micro-relatos
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Publicado por seudolus
martes, 24 de enero de 2006 | 13:03
La verdad es que a veces dan ganas de llevarlo todo pintado, y así poder cambiar la decoración cuando el óleo cuartee.