Ahí os dejo una de esas historias con las que uno se encuentra en la vida, de vez en cuando, esta vez el pesado me tocó a mí, que le vamos a hacer.
FITO
Pidió otra cerveza, y por la manera de mantener el equilibrio, entre otras cosas, me dije que el fulano a esas horas de la mañana o estaba de doblete o había empezado muy pronto, eche un vistazo a sus cincuenta y bastantes años, esas no son edades para doblar noches. Por lo visto se llamaba Fito, al menos así le nombró el muchacho del bar, también era de Gijón, eso me dijo, de Gijón de toda la vida, y se supone que yo le conozco porque el a mi me conoce de vista, y sabe que soy de la misma ciudad, de toda la vida. Todo esto a las diez de la mañana, justito cuando le había dado el primer tiento al rioja y me disponía a posar la copa sobre el mostrador, también me dijo que yo era muy serio, educado e inteligente, ay que joderse con los sicólogos de barra. A todas estas yo con la boca cerradita, ni palabra que ya me conozco el percal, mirando al tipo en una ojeada rápida, de arriba abajo y de abajo arriba, antes de darle otro quite al vino. Pidió otra caña y me ofreció tabaco, el peso de este debió descompensarle pues se inclinó peligrosamente sobre mí, por fortuna hizo un movimiento pendular que lo llevo a quedar acodado en la barra con un cigarrillo en los labios y otro en la mano, negué con un gesto y me encendí un lucky strike. Por lo visto el camarero también es inteligente, y guapo, muy guapo, también el primo del camarero, ese además podía ser actor si quisiera, argentinos, me dijo, y yo asentí y le dije que si, que ya los conocía. Estuve a punto de decirle que paro de vez en cuando en ese sitio y afortunadamente nunca me había cruzado con él, pero me corté, hay veces que no se debe cortar uno porque entonces empezó a darme palmaditas amistosas en el hombro, y otra caña, el camarero me miraba con una media guasa que me decía "hoy te toca a ti", me encojo de hombros para responderle que si, que me tocó a mi. Mientras apago el cigarrillo me palmea la espalda y vuelve a recordarme que los dos somos de allí de toda la vida, y no quita la mano, no tengo ganas de hablar así que me vuelvo y le miro serio, pero o no me entiende, o me entiende mal, o no quiere entenderme, y me da una palmadita en la cintura, ¡hay que joderse, borracho y maricón!, le aparto la mano y le digo que la meta donde quiera pero que no vuelva a tocarme, vuelve a hacer otro movimiento de oscilación y pienso que de esta si, de esta se me cae encima, pero no, vuelve a la barra, que debe de ser su epicentro físico y mental, se disculpa como si recitase de manera enfática el "yo pecador", termina la cerveza y pide otra, mientras se la sirven Fito parece una torre de Pisa cambiando de ángulo constantemente, y me mira, me mira y en esa mirada veo que me va ha volver a pedir disculpas, a decirme que soy de Gijón y buena persona, que el camarero se llama Lucas (conozco a Lucas) y que es argentino (no se le nota en el acento ni ná), que el primo vale para actor, y que si quiero un cigarrillo. Sentado en el taburete, el brazo izquierdo descansando sobre la pierna, el derecho en jarras, a lo Curro Jiménez cuando montaba a caballo a lo chulo, miro para el tipo un poco mosca ya, y siento que esté mamao pero al próximo envite le casco, se abre la puerta y entra mi chica, me sonríe y con una mirada curiosa pregunta que me pasa con ese fulano, nos miramos a los ojos antes de besarnos, Fito se va a dar la vara a una muchacha que toma el café al otro extrema de la barra y mi niña y yo nos vamos cogidos de la cintura, doy un ultimo vistazo a la barra y veo al péndulo humano hacerle la señal de la caña al camarero, momento en que la muchacha aprovecha para coger su café y el periódico y escabullirse hacia una mesa. El tipo se da la vuelta y su boca se queda muda en el inicio de una presentación, algo así como "yo a ti te conozco de vista" al tiempo una de sus manos se queda congelada en el aire preguntándose donde está el hombro que iba a palmear amistosamente, estático durante un instante, con cara de imbécil, luego se vuelve hacia el mostrador y apoya en el las dos manos, mira hacia el fondo de su bola de cristal y cerveza, después gira la cabeza para ambos lados, tratando de enfocar a su próxima victima, borracho y solo, o solo y borracho, que eso ni lo se ni me interesa, lo juro.
Y ahora me voy, que ya termine el bocata y me espera una calefacción.