Propongo, en estas entrañables fiestas en las que todos nos volvemos hombres de buena voluntad, propongo que anotemos en un papel la cantidad de dinero que nos vamos a gastar para celebrar la navidad como dios manda, y después colguemos ese papel en el frigorífico, sujeto con un imán en forma de berenjena, por ejemplo.
Propongo que las comidas que hagamos estos días, en los que el buen rollito nos invade el alma cual ejercito de pacificación, sean frugales, más que el resto del año.
Propongo que brindemos con agua clara de la fuente.
Propongo que santa clós no visite a nuestros hijos, y que lo hagan los reyes magos para traerles una peonza de madera y unas canicas.
También propongo que a nadie le de por comprarse ropa para una fiesta, ni adornar la casa con esos colgajos que tienen lucecitas que parpadean, ni gastarse una pasta en lotería, y todas esas cosas.
Propongo un gasto mínimo para estas empalagosas fiestas.
Después cogeremos el papel que colgamos en la nevera, ese que está debajo de una berenjena imantada, por ejemplo, y a continuación le restamos el total de gastos que tuvimos.
La cantidad resultante la ingresamos en la cuenta de alguna oenejé, y así podremos conseguir que otros lo pasen algo mejor, aunque sea en primavera.
Tengo que dejar los porros porque es que se me ocurre cada tontería.