jueves, 15 de diciembre de 2005
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Escuché sus ladridos familiares a media mañana, ladridos jóvenes de perro nonagenario que se hacía oír entre un coro bronco de machos detrás de una hembra en celo.
¡Hijoputa! Lo pensé al mismo tiempo que sonreía y levantaba la mirada hacia el Curión, el monte de donde provenían los ladridos, ¡hijoputa! , ¡que tengas suerte cabrón, que ya no estás para esos trotes! ...
Este era mi perro, se llamaba Pepe, y aunque entendía no siempre atendía, pero es que tenia parte de su alma de gato y le gustaba andar a su aire, por los caminos y los montes en busca de piezas de caza que levantar o de alguna perra que follarse, se pasaba el día venteando vida, disfrutando de ser un perro libre, y cuando sus catorce años y su artritis le mandaban descanso al cuerpo se recogía en el pajar, entre la hierba seca que le daba calor mullido y un olor agradable. Descansaba hasta que me sentía llegar, con el olfato y la vista casi acabados ladraba al sentir mis pasos, y solo cuando le hablaba dejaba de ser el guardián para volver al perro cariñoso que recogí hace doce años, entonces se me acercaba con sus pasos de viejito y me ladraba suave pidiéndome una caricia, y yo le daba un montón de ellas.
Hace tres días los perros de mi barrio comenzaron a ventear hembra en celo, y claro está allí se encontraba Pepe, en primera línea como siempre, dispuesto a calzársela y a batirse el cobre con quien hiciera falta, nunca le faltaron un par de cojones bien puestos, pero hoy se le torció la suerte y se encontró con el mastín del "Respi", uno de esos animales con fama de nobles que se dedica a matar a los perros que se atreven a plantarle cara, y Pepe siempre se la plantaba, con la mitad de peso y talla pero con ellos bien puestos.
Pero hoy la suerte le volvió la cara, son cosas que pasan.
A medio día mi vecina llamó a la puerta para decirme que habían visto un perro pinto, muerto por el camino del pico San Marcos, ella sabia que era el mío, y yo también, me vino un sentimiento como de pena y rabia, también de mala leche, pues me imaginaba lo que le había pasado. Fui a buscarle en esta mañana que ya se me estaba volviendo demasiado gris, entre un suelo de hojas ocres y el frío de diciembre, por un camino en el que me encontré la manada, la hembra delante flanqueada por dos perros pequeños, detrás de ellos el mastín cuidaba que ningún macho le disputase el liderazgo, me jodió mucho saber de donde venían y lo que había pasado, y bufé mientras subía la cuesta, doblé un recodo y allí le encontré, en una mañana desapacible de otoño, tendido en el suelo entre barro y sangre, todavía caliente, con la yugular destrozada y los ojos abiertos, se conoce que no quiso cerrarlos ante su matador, un valiente hasta el último momento.
Entre el novio de mi segunda ex y yo cavamos la poza en esta tierra negra y húmeda, mientras ella lloraba de espaldas, palote y azada hasta cubrir a Pepe, y aunque soy uno de esos tipos poco dados a la lágrima, no se porque se me puso un nudo en la garganta, y muy mala leche encima, muy mala leche. Y se me viene un presentimiento a la cabeza, un presentimiento en el que veo al mastín comiéndose un buen trozo de carne, relleno con una caja de alfileres.
Son cosas que pasan por aquí
Va por ti compadre.
Publicado por seudolus @ 19:37  | La Marmita de Seudolus
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Publicado por Atreyu15
jueves, 15 de diciembre de 2005 | 23:00
Joder, era bravo el perro. Muerte muy española tuvo el galán, dónde sino se muere como lo hizo Don Juan.

Que los hombres arreglen sus conflictos y los perros los suyos.
Publicado por seudolus
viernes, 16 de diciembre de 2005 | 12:32
Los perros de cuatro patas ya resolvieron sus conflictos y le tocó morir a Pepe, mala suerte. Ahora nos arreglaremos entre los de dos patas, y lo haremos a nuestra manera, como se hizo siempre por estas tierras. El mastín ya se cargó a cuatro perros e hirió a otros, por aquí hay mas de uno con ganas de darle carne rellena, y alguno se la dará, y si el dueño se pone bravo puede que pinten bastos, son "cosas de aquí". No pasa nada.