¡Ah imberbe comedor de betel, capitán de quince años, navegante de charcos que no respetáis las canas expertas de quien siempre se mantuvo en su puesto con honor y groc!.
Os quejáis de navegar al dévalu, sabed que no soy yo quien debe dar la orden de largar velas, que el capitán me traiga enemigos al puente y yo me encargaré de filetearlos. En mi puesto estoy preparado, y no gruñáis tanto porque este viejo perro de mar baje a puerto de vez en cuando, para tomar merecido descanso entre las caderas de una mujer.
Descanso que me tomaré este lunes, dejando el puente a vuestro cuidado.
Un saludo de Falconetti.