La palabra yoga es de origen sánscrito y significa “unión”. Pero este término también hace referencia a la conexión del yo con el entorno y, por extensión, con el universo.
La experiencia de nuevos estados de conciencia a que conduce el yoga brinda a las personas la posibilidad de entender la vida desde un punto de vista más armónico y las encauza hacia un conocimiento mejor de sí mismos.
El yoga reúne un conjunto de disciplinas que tuvieron sus orígenes en la India y que fueron creadas para conducir al ser humano hacia el conocimiento de sí mismo. Los problemas y alteraciones psicológicos resultantes de esta falta de conocimiento son eliminados mediante la práctica del verdadero yoga.
Origen del yoga
El yoga tiene una raíces tan antiguas como el ayurveda, la medicina tradicional de la India, pero la única referencia concreta a él la tenemos en los escritos de Patanjali (un místico indio que vivió en el siglo III a.C.), titulados Yoga Sutras. Se considera que el yoga clásico adquiere rango de disciplina con este autor y su obra. Patanjali estructuró el yoga en una época en que podía haberse perdido para la posteridad. Hoy en día, no obstante, surgen voces que invitan a la investigación sobre el yoga anterior a Patanjali, mucho más auténtico y quizás más valioso para el ser humano de nuestra época.
Práctica del yoga
Patanjali propuso el ashtanga sadhana, o práctica dividida, en ocho principios morales o ramas.
Primera rama. Es la rama denominada yama. Está compuesta por cinco principios éticos: ahimsa (la no violencia en sus múltiples formas, pero entendida con sentido común, ya que es lícito defenderse); satya (la verdad, aunque ésta no debe ser utilizada para dañar a otros); asetya (no robar); brahmacharya (abtenerse de disipar la energía sexual, lo que implica el conocimiento de las verdaderas dimensiones del sexo y su no represión u ocultamiento de miedos e incapacidades); y aparigraha (no recompensa o no posesión, lo que no debe llevar a la falta de atención hacia lo que la vida nos otorga).
Segunda rama. Es la denominada niyama, compuesta por cinco disciplinas: saucha (limpieza), santocha (alegría), tapas (austeridad), swadyaya (aprendizaje) e iswara pranidhana (entrega). Estos preceptos, entendidos con rigurosa literalidad, no tienen ningún valor y hacen perder su frescura al practicante de yoga.
Tercera rama. Conocida como asana. Son movimientos que colocan al cuerpo en un estado óptimo de fuerza y flexibilidad.
Cuarta rama. Es la llamada pranayama, que consiste en reencontrar la espontánea respiración, perdida por la acumulación de bloqueos debidos a la cultura, la personalidad, etc.
Quinta rama. Es la denominada pratyahara, o capacidad de llevar los sentidos hacia el interior de uno mismo para evitar la disipación de la energía.
Sexta rama. Es la dharana, o concentración mental, que comienza fijándose en algún objeto externo, para más tarde ubicar la atención en el núcleo de la propia personalidad.
Séptima rama. Conocida como dhyana, o contemplación meditativa mediante la que se eliminan los juicios de valor sobre la realidad.
Octava rama. Es la denominada samadhi, o estado en que la conciencia se abre a nuevas realidades.
Técnicas
El yoga ha asimilado técnicas utilizadas en el ayurveda, junto con otras procedentes de la mística tántrica. Esta mística hunde sus orígenes en épocas muy remotas y ofrece una visión de la vida en muchos aspectos diferente a la de la cultura surgida tras las invasiones arias de la India y el desarrollo del sistema vedántico. Algunas de las aportaciones (conceptos y técnicas) de las que el yoga se ha beneficiado a través de la ayurveda son:
Pranayama: conjunto de técnicas respiratorias. Existen tres tipos de respiraciones, correspondientes a los tres estados energéticos (satva, rajas y tamas). La respiración rajásica corresponde al canal solar (pingala nadi), que recorre la parte derecha del cuerpo; la tamásica, al canal lunar (ida nadi), que recorre el lado izquierdo del cuerpo. Estos dos canales parten de los órganos sexuales, recorren ambos lados del cuerpo, se cruzan en el entrecejo y acaban, respectivamente, en los hemisferios cerebrales del lado contrario al de su origen. La respiración sátvica corresponde al equilibrio entre el canal solar y lunar, denominándose en este caso sushumna nadi. Este canal recorre toda la médula espinal desde el sacro hasta el cerebro. Dichos canales (pingala, ida y sushumna) se encuentran en el denominado cuerpo pránico, uno de los cinco cuerpos de los que habla la fisiología ayurvédica.
Asanas: consisten en un cierto número de movimientos corporales entrelazados por la respiración. Cada uno de estos movimientos es afín a uno o varios elementos (tierra, agua, fuego, aire y éter).
Mantra: se basa en la repetición de ciertos sonidos que, emitidos con la debida atención, tienen la capacidad de alterar los centros energéticos, o chakras, y los estados de conciencia. Chakra significa “rueda”, y su función consiste en servir de altavoz de los diferentes estados emocionales. Hay innumerables chakras, pero son siete los considerados más importantes: muladhara, swadhistana, manipura, anahata, visshudha, ajna y sahasrara. Existe gran variedad de técnicas para trabajar con los chakras.
Kriyas: son métodos muy elaborados, que sirven para limpiar los órganos internos y los órganos de los sentidos. Se utilizan para la limpieza del cerebro, pulmones, globos oculares, fosas nasales, estómago, intestinos, colon y recto.
Bandha: son técnicas de contracción de glándulas o plexos. Ejercen un efecto muy positivo sobre la musculatura abdominal.
Pratyahara: consiste en dirigir la atención de los sentidos hacia el interior; se utiliza como método preventivo y en problemas psicológicos. Pratyahara se produce espontáneamente cuando algo nos interesa o nos llama poderosamente la atención; en ese momento, todos los sentidos responden a la llamada.
Dhyana: se podría traducir como meditación, aunque no en el mismo sentido que tiene en occidente. Consiste en la eliminación de las continuas olas de pensamiento, o vrittis.
Yoga nidra: técnica muy elaborada de relajación profunda, usada en la tradición tántrica. Cuando se alcanza el estado final, las afirmaciones positivas adquieren mucho más poder.
Mudra: son técnicas digitales basadas en la relación existente entre los cinco elentos y los dedos de la mano. Los mudras son usados en el misticismo tántrico. Esta técnica considera que el cuerpo humano es un símbolo, y que, como tal, tiene capacidad de transformar ciertos estados energéticos en otros.
Un ejemplo de mudra puede ser el shank mudra, también conocido como mudra de la concha. Su nombre procede de que en muchos templos, por las mañanas, se toca un cuerno de concha para anunciar la apertura de puertas. La mudra de la concha produce una mejoría en los problemas de laringe, y con una práctica regular puede mejorar hasta la voz, sobre todo si al hacerlo se pronuncia cantando en voz baja la sílaba “om”. La postura se consigue entrelazando las manos en forma de concha. Para ello, hay que asir con los cuatro dedos de la mano derecha el pulgar de la izquierda y tocar con el pulgar de la derecha el dedo corazón extendido de la mano izquierda.