Suena el tocagüevos a las 8,30 a.m. pero no me levanto, no me da la gana, hace demasiado frío en el exterior, así que me doy vuelta en la cama pensando que me gustaría estar con mi niña en este despertar, entre mis brazos, dulce y calentita, suave, mimosa, adorable, vamos, para quererla un montón. Me desperezo con estiramientos de gato y me siento en la cama, me pongo una camisa de franela a cuadros verdes y marrones, asomo los pies por debajo del edredón nórdico para ponerme unos gruesos calcetines de lana, y al final saco las piernas el tiempo justo para calzarme unos pantalones de forro polar, zapatillas de cuadros de las de toda la vida y bajo a la cocina. Abro la ventana y veo las primeras nieves allá en Las Tierras Altas, me preparo dos huevos fritos con chorizo y un vaso de vino tinto, después un café bien cargado y el cigarrito, me pongo las botas de montaña, un forro polar, gorra, y me preparo para salir. Meto el móvil en uno de los múltiples bolsos de mi pantalón, cuelgo la cámara de fotos del cinto y voy al mueble donde guardo mi colección de armas blancas, escojo una de mis navajas de Taramúndi, una pieza con un acero de cuatro dedos, templado como solo los artesanos de allí saben hacerlo, con un mango de hueso tallado en forma de colmillo y rematado por un adorno de alpaca labrada, una buena capona, que decimos por aquí. Por estos lugares casi todos llevamos la capona encima, algo que les choca a los extranjeros que vienen de turismo (de los limites del concejo para allá todos son extranjeros) les parece cosa de delincuentes llevar navaja, pero aquí casi todos la llevamos y no somos delincuentes, meto en otro bolsillo el tabaco y el mechero y subo para arriba, a ver si localizo al vecino de la carrozeta que me va a subir la teja que falta para terminar el tejado. Y por supuesto para pillar cobertura y darle los buenos días a mi niña, que me tiene enamorado hasta el mismísimo culo. De camino me entretengo sacando unas instantáneas. Ahorcadas quedan.

La Cabeza del Rio, que decimos al lugar, la cascada que veis es el nacimiento de uno de los arroyos que por aquí hay.
Un poco de nieve que se derretira antes de la tarde.
Xonceda algo más cubierto, ahí hay un ventisquero y aguantará más.
Por este cruce a mano izquierda tenia pensado bajar, pero hay siete centímetros de nieve en la carretera y todavia no habrieron rodada, no seré yo el primero.
Tiro esta foto y comienzan a caer copos de nieve, doy la vuelta no sea que tenga problemas para bajar, con esto os dejo.
Y ahora voy a preparar bacalao al ajo arriero. Abrigaros.