martes, 01 de noviembre de 2005
Primera parte, acto cuarto, escena tercera.


...
DON JUAN
¡Cálmate, pues, vida mía!
Reposa aquí; y un momento
olvida de tu convento
la triste cárcel sombría,
¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor,
que en esta apartada orilla
más pura la luna brilla
y se respira mejor?
Esta aura que vaga llena
de los sencillos olores
de las campesinas flores
que brota esa orilla amena;
esa agua limpia y serena
que atraviesa sin temor
la barca del pescador
que espera cantando el día,
¿no es cierto, paloma mía,
que están respirando amor?
Esa armonía que el viento
recoge entre esos millares
de floridos olivares,
que agita con manso aliento;
ese dulcísimo acento
con que trina el ruiseñor
de sus copas morador,
llamando al cercano día,
¿no es verdad, gacela mía,
que están respirando amor?
Y estas palabras que están
filtrando insensiblemente
tu corazón ya pendiente
de los labios de don Juan,
y cuyas ideas van
inflamando en su interior
un fuego germinador
no encendido todavía,
¿no es verdad estrella mía,
que están respirando amor?
Y esas dos líquidas perlas
que se desprenden tranquilas
de tus radiantes pupilas
convidándome a beberlas,
evaporarse, a no verlas,
de sí mismas al calor;
y ese encendido calor
que en tu semblante no había,
¿no es verdad, hermosa mía,
que están respirando amor?
¡Oh! Sí, bellísima Inés,
espejo y luz de mis ojos;
escucharme sin enojos,
como lo haces, amor es;
mira aquí a tus plantas, pues,
todo el altivo rigor
de este corazón traidor
que rendirse no creía,
adorando, vida mía,
la esclavitud de tu amor.

DOÑA INESCallad, por Dios, ¡oh, don Juan!,
que no podré resistir
mucho tiempo sin morir
tan nunca sentido afán.
¡Ah! Callad por compasión,
que oyéndoos me parece
que mi cerebro enloquece
y se arde mi corazón.
¡Ah! Me habéis dado a beber
un filtro infernal sin duda,
que a rendiros os ayuda
la virtud de la mujer.
Tal vez poseéis, don Juan,
un misterioso amuleto
que a vos me atrae en secreto
como irresistible imán.
Tal vez Satán puso en vos
su vista fascinadora,
su palabra seductora
y el amor que negó a Dios.
¿Y que he de hacer, ¡ay de mí!,
sino caer en vuestros brazos,
si el corazón en pedazos
me vais robando de aquí?
No, don Juan, en poder mío
resistirte no está ya;
yo voy a ti como va
sorbido al mar ese río.
Tu presencia me enajena,
tus palabras me alucinan,
y tus ojos me fascinan,
y tu aliento me envenena.
¡Don Juan!, ¡don Juan!, yo lo imploro
de tu hidalga compasión:
o arráncame el corazón,
o ámame, porque te adoro.
...

Publicado por Desconocido @ 19:51  | Literatura
Comentarios (3)  | Enviar
Comentarios
Publicado por seudolus
martes, 01 de noviembre de 2005 | 20:48
Lo primero recitarlo en voz alta hasta pillarle el tono.
Se agradece el artículo Atreyu, no viene mal un poco de Tenorio por estas fechas, recuerdo otros tiempos en los que teníamos cosas más hermosas que esta mierda de jalogüin, o como cojones se escriba.
Me aprenderé el dialogo de don Juan para recitárselo a mi niña la próxima vez que nos veamos, seguro que triunfo.
Publicado por seudolus
martes, 15 de noviembre de 2005 | 12:49
Es increíble, le recitas a la niña la parte de don Juan, así con mucho sentimiento y sin equivocarte, y se le hace el chochito gaseosa. Hay que ver lo que se pierde la gente que no conoce a los clásicos.
Publicado por Invitado
sábado, 08 de diciembre de 2007 | 13:17
Me encanta, me encanta! me sé de memoria este diálogo entre Don Juan y Doña Inés y no veas lo que disfruto recitándoloSonrojado! Esta escena es un gustazo para la interpretación y para los oídos, que genio artístico tenía Jose Zorrilla, obra maestra sin duda, al menos para mí.

Es ciero, la gente que no valora a los clásicos se pierde muchísimo!

Un besazo, ciaooChicaChica