Viernes, 28 de octubre de 2005
Ya que este d?a se ha convertido en jornada de a?oranza aqu? os dejo el que fue mi primer relato, all? por abril del 2004.


Estaba s?lo en la estancia, se desplazaba por ella de norte a sur, de arriba a abajo, continuaba por una diagonal y se pegaba a la pared como si la acariciase, observando con detenimiento cada rinc?n de aquel cuarto. Miraba sin atenci?n, como el que ve a trav?s de lo que busca perdi?ndose en un sin fin de sensaciones, de colores y formas que nunca llegar? a entender. Ni siquiera sab?a que no le importaba, no era consciente, no recordaba lo que hab?a hecho hace dos horas ni tampoco recordar?a lo que estaba por venir. El, nunca podr? saber que su vida hab?a transcurrido all?, que en cada semana, en cada hora, en cada latido de su existencia hab?a repetido una y otra vez aquella misma rutina.
Ten?a el rostro surcado por mil arrugas, su tez colorada, como la de alguien que ha sido pillado en falta y no puede evitar sentir que se le enciendan las mejillas. Bajo ese rostro arrebolado luc?a una solemne papada del mismo color reposando orgullosa sobre una negra pechera. Sus ojos, peque?os, miraban sin ver, m?s parec?an adornos de azabache que una ventana al exterior. Carec?a de cabello, inexistentes cejas y ni tan siquiera la menor sombra de vello sobre su cara. Su pecho, su barriga y no digamos sus nalgas rend?an fiel homenaje a Botero. Daba lo mismo mirarle de frente que por detr?s, de m?s arriba que de m?s abajo, de cerca o de lejos, todo se reduc?a a una misma forma, a un mismo volumen. De sus brazos, de sus piernas? prefiero no describirlas, har? un peque?o gui?o, como si nunca hubieran estado all?.
Luc?a un vistoso traje negro, de buenas hechuras y mejor acabado que otorgaba a su peculiar cuerpo un toque de elegancia, de buen porte, siendo ?l, por su falta de conciencia, ignorante de las miradas que atra?a.
En ocasiones se mov?a con pasos nerviosos, cortos, r?pidos, simulando no ser visto, como si de un ni?o jugando a la ?gallinita ciega? se tratase. En otros momentos su movimiento se convert?a en una lenta y elegante zancada, parec?a gritar:
?MIRAD, OBSERVAR MI MAJESTUOSIDAD!
La verdad, a fuerza de ser sincero, al verlo, uno podr?a creer que se encontraba en el cambio de guardia de un conocido palacio. Se desplazaba de norte a? se deten?a, ladeaba la cabeza, miraba pero segu?a sin ver, de arriba a? repet?a gesto, pero continuaba sin ver, tomaba la diagonal pero? no pod?a comprender. Fue en ese instante cuando sucedi?, una larga sombra eclips? la mortecina luz que se desprend?a de un viejo quinqu?, no supo por qu? pero todo su cuerpo se gir?. Distingui? algo brillante cayendo sobre ?l, fue lo ?ltimo que vio. Sinti? como el fr?o rasgaba su cuello, nada m?s not?. Un corto gorgoteo, el sonido se apag?. Un peque?o escalofr?o, dos cortos pasos y cuando su cuerpo toc? el suelo hab?a dejado de existir. ?Su vida? vac?a, pues nunca comprendi?, ?c?mo llamar a su muerte si tampoco la entendi?? Alguien recogi? el cad?ver, apag? la luz y cerr? la puerta que para ?l nunca m?s se abrir?a.
Comenzaba a anochecer. Era una especie de camilla donde dos hombres lo llevaban totalmente tapado a resguardo de indiscretas miradas. No pudo ver como se abr?an las puertas que daban paso a una gran sala. Era un ba?o de luz, un chorro de sonidos que recorr?a todos los rincones, los mil colores en la ropa de los all? presentes bien pod?an conformar la paleta de un pintor. Hab?a grupos de cuatro o cinco personas que parec?an ejecutar una danza al ritmo de una animada conversaci?n: una confidencia y las cabezas se juntaban, una carcajada y el c?rculo se abr?a, una mirada a la derecha, un gesto hacia la izquierda, todo era parte del mismo baile. Pod?an verse parejas que entre charlas y miradas completaban una gran coreograf?a, tambi?n personas solitarias que como arrastradas por una marea vagaban por el sal?n. Fue uno de esos ?n?ufragos? el primero en darse cuenta -aquellos dos hombres trataban de pasar desapercibidos- con un r?pido toque de codo avis? a las personas que ten?a a su lado poniendo en marcha una gigantesca ola de manos y brazos que en un breve momento inund? todo el recinto.
Despu?s, s?lo el silencio. Todos los ojos eran una sola mirada, nadie se decid?a a moverse. Una mano, pecosa y arrugada lo destap?. ?OOHHH! Fue todo lo que pudo o?rse, no se sabe si dicho por unos pocos o exclamado por todos, porque son? claro, un?sono, como coreado por una sola voz. A partir de ese punto todo eran miradas de complicidad, gestos de aprobaci?n y sonrisas de satisfacci?n. Se sentaron.
De una cosa estaban seguros, ser?a el pavo m?s grande que jam?s presidiera una Cena de Navidad.
Felices fiestas.
Publicado por Atreyu15 @ 19:06  | Relatos del blog
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Publicado por crisdolot
Viernes, 28 de octubre de 2005 | 20:49
Cuando yo era m?s joven,
y, por ende, m?s jovial.
Sol?an echarme al rostro
la harina de este costal:

"Nos reimos o echamos pesetas"

Sol?a darse este caso
cuando la broma gastada,
la argucia o la triqui?uela
el gusto a medias dejaba.

Si no fuese ese final
de opereta, de Faslt?ff,
dir?a que vuestro cuento
so podr?a masticar.

El pavo est? duro, Atreyu.
Soluciones m?s sublimes
a problemas tan agudos
es tarea de el que escribe.
Publicado por Atreyu15
S?bado, 29 de octubre de 2005 | 19:13
Jajajaja, el dedo en la llaga has puesto Crisdolot, pues pr?cticamente a nadie le gust? este final. Sirva en mi disculpa que fue mi primer escrito, medio en serio medio en broma; tambi?n soy conocedor de estar en la ?poca de la silicona y que con un qu?tame de aqu? y un ponme por ac? el primerizo quedar?a mejor formado, mas prefiero dejarlo as? ya que ha salido a su ?padre? medio en serio medio en broma y no muy bien acabado.
Agradezco tu comentario. ;-)
Publicado por Nereida4
S?bado, 29 de octubre de 2005 | 20:28
Jajajaja Atreyu, que me parto jajaja. ?C?mo te defiendes! :] :D
Ya ser? menos, que te vi en una foto jajaja y no est?s nada mal.
El relato es simp?tico, y si dices que es el primero tiene su m?rito. ?Anda que no has mejorado ni nada de entonces para ac?! ;-)