La cromoterapia es una técnica de curación que se remonta a tiempos muy antiguos, practicada ya por egipcios, griegos y chinos. En estas culturas existía la creencia de que las vibraciones de las ondas cromáticas afectaban de manera directa a las ondas del cuerpo. Y a la inversa, el color del aura o de los campos energéticos del ser humano reflejaba el estado de salud del individuo.
Aunque en Europa no empezó a usarse la cromoterapia en medicina hasta mediados de los años setenta, ya en 1940 se demostró que el color rojo estimulaba la parte simpática del sistema nervioso vegetativo, mientras que el azul actuaba sobre la parasimpático. Se supo, asimismo, que la luz roja aumentaba la fuerza muscular en más d trece por cinto, y que las planas que crecían bajo una campana de color azul tenían un desarrollo más regular y más fuerte.
La existencia del color es algo que todos somos capaces de afirmar; sin embargo, la ciencia moderna ha podido demostrar que las células y los órganos del cuerpo poseen unas frecuencias vibratorias determinadas, y utilizan el espectro cromático para corregir los desequilibrios de las vibraciones del cuerpo y crear así un estado armónico. Newton, jugueteando con un prisma de cristal, observó que éste era capaz de descomponer l luz pura blanca, tal como nos llega a nosotros, en distintos rayos de color.
Características de la cromoterapia.
Cada uno de los colores que se descomponen por medio de un prisma de cristal tiene una determinada longitud de onda, y cada onda de color tiene su propio temperamento (calor, frío, seco o húmedo). Científicamente, a esta vibración de longitud de onda se le conoce como la unidad Ángstrom, o lo que es lo mismo, la diezmillonésima parte de un milímetro.
Cuando decimos que la luz se puede descomponer por medio de un prisma, debemos pensar que el ojo humano también es capaz de descomponer un color, ya que aquél posee una perfecta serie de sincronismos que nos dan la clasificación, nitidez, contraste y matiz de una longitud de onda vibratoria.
La retina está formada por millones de células de dos tipos fundamentales, denominadas respectivamente conos y bastones, cuya misión es transformar la energía luminosa que inciden sobre ellas en impulsos nerviosos.
La visión diurna y la percepción de los colores están a cargo de los conos. Estos se subdividen en tres tipos, cuyos máximos de absorción se encuentran en los espectros del azul, rojo y verde. Los bastones permiten recibir la luz crepuscular. Las radiaciones luminosas, tras ser convertidas en estímulos nerviosos en la retina, son transmitidas por el nervio óptico hasta el centro de la visión, que se encuentra en el lóbulo occipital (es decir en la parte posterior) del cerebro.
Por todo lo expuesto, parece lógico preguntarse ¿qué ocurre con los invidentes? Si es cierto que los seres humanos somos sensibles a las frecuencias vibratorias y nuestras células son receptoras del color y dirigen sus mensajes nerviosos al cerebro para que los interprete, también podemos afirmar que los invidentes poseen una serie de sensibilidades desarrolladas que los hacen más perceptivos a cuanto les rodea.
Trabajos recientes han demostrado que si el hombre es sensible a las radiaciones electromagnéticas ambientales, también es capaz de percibirlas sin usar los ojos. El escritor francés Jules Romaní fue el primero que trabajó metódicamente sobre la percepción no visual. Romaní consideraba que existe una visión extrarretiniana debido a unas células epidérmicas llamadas ocelos. Incluso creía que el hombre percibe el mundo no sólo por medio de su actividad cerebral, sino con ayuda de todo su cuerpo. En su opinión, la visión extrarretiniana es una facultad muy general que el uso de la visión ha inhibido en la mayoría de las personas.
Tratamiento.
La cromoterapia o terapia por el color es un método de tratamiento de fácil aplicación. Sólo se necesitan una lámpara y un filtro de un color determinado, según sea la dolencia que hay que tratar. Los colores empleados son puros, sin mezclas con otros colores, y los rayos coloreados deben incidir directamente sobre la piel.
La aplicación de la cromoterapia debe ser practicada por un profesional de la medicina con capacidad para diferenciar una afección local de una general. Por ejemplo, una jaqueca puede aparecer a causa de un resfriado o bien ser el inicio de una afección neurológica grave. Las afecciones benignas son, afortunadamente, las mas frecuentes, pero un error en el diagnostico de una de estas enfermedades suele tener consecuencias graves.
El protocolo que ha de seguir el cromoterapeuta ante el paciente que le visita por primera vez, debe basarse en un examen clínico que comprenda toma de tensión, análisis y un cuidado interrogatorio que permita conocer, además de los actuales síntomas, los antecedentes de salud. También ha de practicar un examen energético, es decir, el estudio de los desequilibrios o insuficiencias de las energías calor, frío, sequedad o humedad que aparecen en forma de lesiones anatómicas o de sensaciones descritas por el paciente como: hormigueos, calambres, pruritos, etc.
Colores utilizados en la cromoterapia.
Siete son los colores utilizados por esta técnica.
Rojo: Color primario, puro y calórico.
Amarillo: Color primario, puro y calórico.
Azul: Color primario, puro y frío.
Naranja: Es una combinación del rojo y amarillo, es calórico.
Verde: Color complementario, ni frío ni calórico.
Índigo: Color complementario resultante de la mezcla de dos filtros azules y uno rojo, temperamento frío.
Violeta: Color mezcla de rojo y azul, temperamento frío.
Las acciones de los diferentes colores sobre la piel son muy diversas.
Verde: efectos tranquilizantes y suavizantes de los nervios y del cuerpo en general.
Rojo: estimula los nervios y la sangre. Es de gran valor en el tratamiento de la anemia, parálisis, tuberculosis, agotamiento físico y estados de debilidad del organismo. No debe ser utilizado en estados de fiebre ni inflamatorios, nerviosos o de excitación.
Rojo anaranjado: colores beneficiosos en los crecimientos cancerosos.
Amarillo y naranja: estimulan los nervios. Son beneficiosos para los trastornos de la digestión, el estreñimiento y los trastornos pélvicos femeninos.
Azul y violeta: sedantes y astringentes. Tranquilizantes para el sistema nervioso y vascular. Han demostrado ser muy valiosos en trastornos cono la neuralgia, ciática y alteraciones cerebroespinales.