¿Quién lo mató?
Podríamos mejor preguntarnos: ¿quién liquidó su ser físico?
Porque la vida de los hombres como él tiene su más allá en el pueblo.
Lo mató el enemigo… y lo mató su carácter. Camilo no medía el peligro, lo utilizaba como una diversión, jugaba con él, lo toreaba, lo atraía y lo manejaba; en su mentalidad de guerrillero no podía una nube detener o torcer una línea trazada.
No vamos a encasillarlo, para aprisionarlo en moldes, es decir, matarlo.
Ernesto Che Guevara
Me decís, pues, que tengo que perecer como lo harían las flores que cultivé.
¿De mi nombre nada quedará, nadie mi fama recordará?
Mas los jardines que planté, son jóvenes y crecerán y las canciones que canté, ¡cantándose seguirán!
Huexotzíncatzin, príncipe de Texcoco, 1484