A ti, aire que recorres esta tierra en caprichosos vuelos; a ti que a tu paso peinas los verdes valles y dibujas en los extensos desiertos, cada día, un camino nuevo; a ti que enredas mi cabello y coqueteas tozudo con las faldas de jóvenes muchachas; a ti aire te pido:
Aleja de mí las voces que claman por un mundo sin fronteras, cortinas de nocivo humo con la que pretenden ocultar el muro que quieren levantar para diferenciar su tierra.
A ti distancia, que tan pronto eres añoranza como un hermoso puente de plata; a ti que puedes ser infinita o transformarte en la nada; a ti demando:
Desvanece de mí esos brazos que parecen tan prolongados y anhelan abrigar lo que se haya lejano; no los quiero, en su ciego gesto obvian lo más inmediato.
A ti, sol, estrella solitaria que te consumes en tu propio fuego; a ti que haces que me olvide del frío eterno; a ti que engalanas los campos de dorados mantos; tú que fuiste adorado y ahora olvidado; a ti clamo:
Alumbra el camino de aquel que en nombre de la libertad quiere encarcelar mi palabra.
A ti, agua que manas bravía del cielo; agua de arroyo que llevas en tu cuna aromas de montaña, que perfuman tu paso naranjos y limoneros y amortaja tu desembocadura el aroma salino de un mar extenso. Agua, a ti te digo:
Limpia las palabras que otros manchan…