Hace ya casi un mes que se abrió este debate y por diversos motivos nunca encontraba el momento de retomarlo para poneros las conclusiones que os prometí.
En fin, lo prometido es deuda.
Como os decía en aquel primer artículo este tipo de pruebas, las dinámicas de grupo, se hacen para analizar a cada candidato desde varios puntos de vista y, claro está, dependiendo del puesto al que se opte se valorarán más unos aspectos que otros.
A continuación os pongo una pequeña definición de lo que se entiende por “dinámica de grupo”según los expertos en la materia:
Es una técnica de "evaluación psicológica utilizada en selección de personal que sitúa a los sujetos o candidatos en interacción, con el fin de producir conductas observables que propicien la diferenciación y evaluación de rasgos actitudinales en los mismos. Dichos rasgos actitudinales deben considerarse necesarios o apropiados para un eficaz desempeño de las funciones propias del puesto de trabajo que se trata de cubrir".
Las dinámicas de grupo, se diferencian de los test y de las entrevistas de selección, en que en ellas se evalúa al candidato en una dimensión social, lo cual da una gran riqueza de información complementaria a las demás pruebas utilizadas.
Es una prueba muy utilizada para la selección de puestos de trabajo que requieren trabajar en equipo, contacto y relación con compañeros o con público, etc.
El psicólogo, por su formación académica, es la mejor persona para guiar un procedimiento de este tipo, ya que requiere conocimientos profundos acerca de cómo se relacionan los sujetos entre sí, la forma de manejar diferentes situaciones y solucionar posibles conflictos que pudieran surgir.
Es decir, se pretende ver, por ejemplo, cómo se desenvuelve cada candidato, su nivel de participación, su capacidad de comunicación, su saber estar, cómo expone sus argumentos, cómo responde ante las opiniones de los demás, cómo puede ser capaz de defender su criterio y llevarse a su terreno a los demás candidatos, etc.
Centrándonos en el tema planteado, “El caso de la joven casada”, y como ya os había dicho anteriormente, no hay una respuesta mejor que otra para la pregunta planteada sobre la ordenación de responsabilidades de los protagonistas.
Aunque aquí se planteó el debate a modo anecdótico y por curiosidad sobre el tema no se dan aquí las circunstancias adecuadas para hacer un estudio en condiciones como sería en una situación real, o por lo menos como hicimos nosotras a nivel de un taller. Lógicamente el interés de la prueba radica en hacerla en grupo, en vivo y en directo, en un ambiente de cierta tensión debido a lo que conllevan sus resultados y ante gente, en principio, desconocida.
Lo que sí nos ha comentado el encargado del taller al que asistí es que hay una serie de estudios estadísticos en base a los resultados analizados de varios grupos a los que se les hizo esta prueba y que son a modo anecdótico los siguientes:
- Las personas más jóvenes suelen a responsabilizar en primer lugar al “amigo” dado que parece ser que en este colectivo se tiende a valorar sobre todo la amistad.
- Las personas de una cierta edad o, por decirlo de algún modo, más maduras, suelen echar la culpa a la protagonista, “la esposa”, ya que consideran que es ella la primera responsable de sus actos y por lo tanto debe atenerse a las consecuencias.
- Aquellas personas que tienen estudios o trabajo relacionado de alguna manera con temas sociales suelen defender más rotundamente al personaje de “el loco”.
La verdad es que esos resultados los he podido comprobar en el debate en el que participé: las opiniones coincidieron totalmente con lo arriba expuesto.
Al finalizar la prueba el tutor fue diciéndonos a cada una de nosotras sus observaciones. Había de lo más diverso.
- Entre las valoraciones “negativas” estaban las siguientes: dos personas que no abrieron la boca en ningún momento, gente que utilizó más de una vez un vocabulario bastante ordinario (es decir, tacos jejeje), alguna que empezó dando su opinión pero al ver que no tenía a nadie de acuerdo con su propuesta se rajó y no opinó más, algunas incluso se lanzaron y defendieron con excesivo celo sus convicciones.
- Como valoraciones “positivas” nos comentó lo siguiente: la participación activa pero manteniendo un grado de moderación en las formas empleadas, la defensa de principio a fin en el debate del criterio personal planteado, la capacidad de intentar convencer y arrastrar al resto de personas para ponerlas de su parte, la enumeración clara y concisa de la ordenación pedida acompañada de unos argumentos razonados, el intento por reconducir la situación en momentos en que el debate se iba por otros derroteros que no venían a cuento (no os podéis imaginar como la gente se lanza a hablar y terminan en temas que no tienen nada que ver con lo planteado), la propuesta de afrontar el debate de una forma ordenada intentando primero resolver aquellos puntos “más fáciles” en lo que podría haber más consenso para finalmente centrarse en los aspectos “más difíciles” en los cuales no había tanto acuerdo.
En fin, que como podéis comprobar todo es bastante relativo y va a depender mucho del puesto y de los entrevistadores ya que no nos olvidemos que, aunque tendrán un perfil “tipo” qué buscar y unos patrones a los que atenerse supongo que habrá casos en los que no sean muy objetivos y al igual que un candidato se pueda a veces “mojar” demasiado en sus opiniones pues lo mismo ocurrirá con los seleccionadores que, teniendo sus propias ideologías y puntos de vista sobre el tema, se podrán dejar llevar por sus gustos personales.