Viernes, 23 de septiembre de 2005
El canto electr?nico del aparato Japon?s, que como un ermita?o se alojaba en la mesita de noche, despert? a Dimas de su corto letargo. Era lunes, en la oscuridad de la habitaci?n unos d?gitos fosforitos parpadeaban mostrando las siete. Tras los cristales sucios de la ventana la luz permanec?a en espera de que el viento deslizase la espesa cortina de nubes que cubr?an el cielo.
Apenas hab?a logrado dormitar un par de horas. El picor en sus ojos, cierta sequedad en la garganta y la sensaci?n de haber vivido una extra?a situaci?n, de la que era consciente que tan s?lo se trataba de un mal sue?o, eran peque?os indicios del desasosiego que rondaba los ensombrecidos soportales de su cordura. No era desconocida esta impresi?n para ?l; siempre le acompa?aba en esos d?as en los que como hoy se enfrentaba ante la figura de un nuevo trabajo.
Acall? el despertador y, a?n sentado sobre la cama, se desperez? mientras sus pies descalzos titubeaban sobre el g?lido suelo de terrazo. Un s?bito eructo, con aromas de DYC, le liber? del sopor en el que dormitaba al igual que las sales restituyen el decoro a una compungida dama. Una ducha fr?a, un suave rasurado con su afilada navaja y una buena capa de gomina, con la que encorset? su peinado, fueron suficiente est?mulo para que Dimas comenzara a entonar las notas de su melod?a favorita a la par que especulaba sobre el traje que se pondr?a para acudir al Banco Central. Cercano a los cuarenta a?os y hastiado de hormiguear por uno y otro lado, hab?a decidido establecerse en un lugar aislado, alejado de gent?os y de actividades en donde el estr?s no se coronase como due?o y se?or de su vida.

Se ech? un definitivo vistazo ante el espejo del recibidor, la media sonrisa que le ofreci? su reflejo bast? para aprobar su porte. Tom? el malet?n que se hallaba sobre la peque?a mesa del vest?bulo y en un acto reflejo llev? su mano libre a la altura del pecho, cerca del coraz?n, como garantizando de que todo ocupase su lugar; estaba preparado, la jornada transcurrir?a bien.
En la calle, aparcado en doble fila, le aguardaba Crist?bal, el conductor que habitualmente trabajaba para ?l, hombre tosco y de pocas palabras pero buen conocedor de su oficio. Intercambiaron saludos y tras un dialogo cargado de monos?labos llegaron hasta las puertas del Banco. Se ape? Dimas del veh?culo y, como ten?an por costumbre, Crist?bal le esper? unos metros m?s abajo. Contempl? durante un instante la distinguida fachada del edificio, un corto escalofr?o recorri? su cuerpo, mas con paso decidido se dispuso a entrar en el Banco.
En el interior del local una inusitada algarab?a detuvo su marcha. Un grupo de entre cincuenta y sesenta personas, de cabellos canos y con la piel remarcada por la traves?a del tiempo, mostraba sin rubor su c?lera a trav?s de improperios y empujones mientras una pareja de exasperados guardias de seguridad trataba de calmar a los soliviantados pensionistas. Al fondo del Banco otro de los hombres encargado de la seguridad, un joven de gesto nervioso, observaba la escena en el que era su primer d?a de trabajo. Dimas valoraba lo sucedido no sin cierto recelo. Gustaba de sitios apacibles en los que desarrollar su cometido y ante sus ojos cre?a estar viendo como se proyectaba una vieja pel?cula de Bu?uel. Acostumbrado a tomar decisiones r?pidas, emprendi? su prop?sito dispuesto a traspasar aquella col?rica masa humana, la oficina del director se encontraba al otro lado del peque?o tumulto.
Con su impecable aspecto pronto desat? la atenci?n de los presentes.

- ?A ese le conozco! -Voce? un hombre a pocos metros-.
- Yo tambi?n. -Pareci? confirmar una anciana que sin pens?rselo se acerc? hasta Dimas-.
Al un?sono, como una gigantesca serpiente, el resto de pensionistas comenzaron a rodearle.
- Es uno de los directivos del banco, os lo puedo asegurar. -Exclam? un hombre que parec?a esconderse detr?s de unas gruesas gafas-.
- Se equivocan? -quiso explicar el sorprendido Dimas-.

Ladrones, vividores, desvergonzados?los adjetivos flu?an cada vez m?s prolijos y sonoros. Pronto los insultos se cruzaron, torn?ndose en el chispazo con el que prendieron los primeros empujones.
Los guardias de seguridad se vieron desbordados por los hechos. El meticuloso peinado de Dimas fue desdibujado de un manotazo, alguien rasg? uno de los bolsillos de su americana y, antes de que pudiese reaccionar, su chaqueta se abri? de par en par. Por un momento las personas que se hallaban a su alrededor se contuvieron at?nitos reparando en como aquel hombre, asustado, llevaba la mano a su pecho. Son? un disparo en el recinto. El griter?o existente, al igual que se apaga una radio, enmudeci?. Inm?viles, miraban como Dimas doblaba sus rodillas mientras, de su cuello, brotaba el ?ltimo signo de vida. El olor de la p?lvora impregn? el ambiente; a?n se manten?an en el local los ecos apagados del disparo cuando todos los rostros abordaron con su mirada al joven guardia que, velado por el humo que manaba de su rev?lver, permanec?a inerte al fondo del Banco, sudoroso y todav?a apuntando con su arma.
Diez minutos tardaron en presentarse dos patrullas de polic?a y una ambulancia. El repetitivo ulular de las sirenas y el disparo hab?an atra?do a muchos curiosos al lugar y la zona fue acordonada. Los agentes comprobaron la identidad del cad?ver y comenzaron a interrogar a los testigos en espera de la presencia del comisario.

- Temprano empezamos hoy con los putos muertos. -Mascull? el comisario a su llegada-.
- Buenos d?as, Se?or. -Salud? el agente que custodiaba al muerto-.
- ?Qu? tenemos?
- Se?or, tenemos un cad?ver que seg?n su DNI responde a?
- ?Y esta gente? puede ir al grano y decirme qu? carajo pas? aqu?? ?El comisario, fiel a su fama de arrogante, comenzaba a mostrarse impaciente-.
- Edredones Se?or?
- Joven, acabar? usted limpi?ndome los zapatos. Expl?quese y d?jese de chorradas.
- Dimas, Se?or, as? indica su DNI, el muerto lleva un arma en una sobaquera.
El comisario transform? su cara al o?r aquel nombre. Por primera vez se fij? en el cuerpo que yac?a en el suelo. Se acuclill? para contemplar de cerca al sujeto ensangrentado.
- Jajajajajaja? -Reson? con estruendo-.
- ?Comisario?? -Murmuraba el sorprendido agente-.
- Dimas, alias ?El yupi? atracador de Bancos? un ?viejo amigo?? Joven, a?n le queda mucho por ver, jajajaja, pero cuente ?qu? cojones sucedi? aqu??
- Se?or, el Banco lanz?, en una de sus campa?as de marketing, la oportunidad de llevarse un edred?n a todo jubilado que domiciliase su pensi?n con ellos. Como puede comprobar el sitio se llen? de personas. Ayer, sin aviso, la campa?a fue anulada por lo que toda esta gente que se present? a primera hora de la ma?ana manten?a el ?nimo muy encendido, parece ser que al entrar Dimas alguien le confundi? con un directivo y fue r?pidamente zarandeado. Uno de los guardias de seguridad, un novato, se puso nervioso y dispar? sin saber muy bien hacia d?nde apuntaba?
- Bien, bien, tr?igame al muchacho. -Le cort? con brusquedad-.
El comisario se encontraba feliz, quince a?os tras la pista de Dimas, el azar le hab?a hecho un magn?fico regalo.
- ?Ah! Ya est? aqu? joven, acomp??eme. -Le dec?a mientras se alejaban y apoyaba la mano sobre el hombro del todav?a asustado guardia-. Vamos a ver al director? sino me equivoco creo que tiene un par de edredones para nosotros? y ?alegre esa cara, cojona! ya ver? como le gusta su nuevo trabajo.
Publicado por Atreyu15 @ 23:37  | Relatos del blog
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Comentarios
Publicado por Goizeder
S?bado, 24 de septiembre de 2005 | 19:00
jajajaj no esperaba ese desenlace, ya imaginaba otra cosa para el enchaquetado jajaj ha estado bien.

Quiz?s debiste pararte m?s en el alboroto para dar m?s sensaci?n de situaci?n absurda y fuera de s?, se me hizo r?pida, aunque la imagin? bien (qu? miedo de viejos jajaj)
Publicado por Atreyu15
Lunes, 26 de septiembre de 2005 | 13:34
Jajajaja, me alegro que no esperases el final. Trat? de dibujar una escena extra?a en donde se mezclase la realidad con lo absurdo, sin profundizar, una especie de visto y no visto en donde cada uno va a lo suyo.
Tomo nota de tu observaci?n. Gracias. :-)
Publicado por Nereida4
Viernes, 30 de septiembre de 2005 | 14:04
Simp?tico relato con sorprendente final. Yo tampoco me lo esperaba para nada, creo que imagin? de todo menos lo que pas? realmente :D :]

Me hizo mucha gracia cuando llegu? al punto en que el comisario pregunta qu? pas? y el agente le dice ?Edredones Se?or?. Ah? me part? de risa y qued? descolocada :z) :D, incluso llegu? a pensar que era el apellido del muerto, todo antes de pensar que eran edredones de verdad jajaja. Curioso e interesante argumento :f) :].

Como siempre sueles hacer, Atreyu, creas el ambiente adecuado consiguiendo que una viva la historia y se meta en ella sintiendo realmente las escenas, adem?s me has hecho pasar un momento divertido lo cual te agradezco. ;-)
Publicado por Atreyu15
Viernes, 30 de septiembre de 2005 | 19:39
Nereida si he conseguido tu risa me siento reconfortado. Gracias :-)