Los "grandes" tiranos incendian bibliotecas de Salamanca en una sola noche (perdón, quise decir Alejandría), los jefecillos los queman de uno en uno, en un goteo continuo y mortal. He quemado relatos y poesías míos que nunca nadie conocerá. No se a que categoría pertenezco.
Sobre la penitencia que me "impones" por aquí tenemos un dicho, ¡tien cojones la carga leña! Se hará lo que se pueda.
¡Hay que joderse con los jefes! ¿Para cuando la cena de empresa?