El hombre volverá a la Luna en el año 2018, según las expectativas de la NASA, cuyos planes para recolonizar nuestro satélite (lo que implica una renovación total de la flota con nuevos vehículos espaciales) han recibido el apoyo de la Casa Blanca. En poco más de una década muchos podrían ser testigos de la repetición del hecho histórico que protagonizó Neil Armstrong, allá por el 20 de julio de 1969, con esa frase inmortal: «Un pequeño paso para el hombre y grande para la humanidad».
La NASA anunciará el plan el próximo lunes, informa Space.com, en una multitudinaria rueda de prensa, y explicará como piensa construir, en los próximos 12 años, las naves que sustituirán a los trasbordadores espaciales y las instalaciones de una base permanente lunar.
El nuevo programa costaría unos 100.000 millones de dólares, y representa la aspiración que caracterizó a Michael Griffin, el director de la NASA, cuando tomó el cargo: reavivar la colonización lunar. El plan no sólo es empeño suyo. Es la puesta en práctica de la iniciativa anunciada por George W. Bush en enero de 2004: poner un hombre en la Luna antes de 2020, y posteriormente, enviar misiones tripuladas a Marte. Aunque para esto último, habrá que esperar al menos otros 20 años, según la opinión del mismo Neil Armstrong. El ex astronauta, con la huella más conocida del mundo, afirmó esta semana que los científicos deberían desarrollar una mejor tecnología a bordo de la nave espacial y protectores más sólidos para bloquear la radiación espacial antes de que la gente pueda viajar a este planeta.
El concepto es, por supuesto, abandonar a los viejos Shuttle, y crear dos tipos de cohete: uno para la tripulación y otro para la propulsión, el cargo y el módulo lunar, buscando la inspiración del programa Apolo, el más exitoso de la NASA. «El plan tiene varios elementos, y uno de ellos es que la gente que ideó el Apolo era bastante inteligente», indicó a Ap John Longston, analista de política espacial de la Universidad de Georgetown en Washington.
El Vehículo de Exploración Tripulado (CEV en inglés) es una cápsula con los astronautas que iría en la punta del cohete más pequeño (más alto que el Shuttle, que tiene 56 metros), y por tanto, lo más alejado posible de los depósitos de combustible y los motores, evitando el peligro de los trozos de aislante que han aparcado la flota de transbordadores hasta el momento.
Una vez en órbita, el CEV, con cuatro astronautas a bordo, se engancharía en el ápice de un monstruoso cohete de más de 110 metros de altura, que llevaría el combustible, la carga y los motores necesarios para viajar a la Luna, junto con el módulo lunar (necesario para el regreso) y todo lo necesario. Los expertos creen que el sur de nuestro satélite es idóneo para la instalación, después de 2018, de una base lunar permanente.
Fuente: http://www.larazon.es/noticias/noti_soc76313.htm