Lunes, 05 de septiembre de 2005
Esta vez no me ha pillado por sorpresa. Aunque tirado en el sofá, la oigo venir, puedo sentir el golpeteo lejano de sus cascos contra el suelo. Es mi ansiedad: viene con su galope desbocado, dispuesta a que me suba en sus lomos, a llevarme en uno de sus alocados viajes. Pero no, hoy no, hoy he decidido tenderle una pequeña trampa; aunque utilizada miles de veces, no por eso deja de ser efectiva. El ardid es simple, encenderé uno de mis cigarrillos y… ¡Voilà!; diré adiós a mi pequeña salvaje mientras se pierde entre humaredas disfrazadas.
Palpo en los bolsillos de la camisa, no hay nada, ¡uf! Me pongo en pie, busco por mis tejanos, pero nada. La “yegua”, a cada momento, parece más próxima. Una vez más tanteo la camisa, busco en el pantalón, camisa, pantalón, pantalón y de nuevo camisa. Esto empieza a complicarse, el bufido de la “alazana” comienza a ser preocupante. En ocasiones, ¡qué difícil es encontrar un cigarro!
Estoy tan atacado que meto los dedos en el bolsillo pequeño del vaquero, ¡qué absurdo!, ¡cómo voy a encontrar tabaco ahí! ¿Será un guiño de mi cerebro? ¿Me estará diciendo que la esperanza, por grande que sea, no es más que un bolsillo diminuto donde no tiene cabida ni un ínfimo deseo? Me siento como un mago defraudado, buscando en su chistera, incapaz de sacar algo. A manera de la antigua caballería me dispongo a realizar un último asalto. Sin atisbo de piedad mi mano irrumpe de nuevo en el pantalón. Los efectos se ven pronto, son despojados de su sitio el DNI junto con dos preservativos. ¡VICTORIA! allí está mi pequeño cilindro, escondido entre condones, encorvado y arrugado como un viejecito.
¿Por qué será? Me parece sentir risas.
En fin, cojo el tubo con mis ágiles manos, con mimo, como si fuera un pajarito. Trato de ponerlo firme, sin arrugas, sacar lo mejor de él y… ¿Qué estoy haciendo? Creo que algo se escapa de mis manos.
Insisto, o mejor aún, empiezo de nuevo, o mucho mejor aún, retrocedo seis líneas.
¡VICTORIA! Allí está, encorvado y arrugado, el último de un grupo de veinte. Tomo el pitillo entre los dedos, estiro un poco de aquí, otro poco de allá y listo; con el lifting ha quedado como nuevo. Ahora toca lo fácil, encenderlo. Estoy tranquilo, tengo tantos mecheros que podría cocinar sin usar el butano. Escucho el clic del encendedor, aspiro y… STOP. Mi cabeza se pone a rebobinar ¡ya empezamos!, otro de sus mensajes subliminales; síii, ya me di cuenta, junto a mi identidad sólo hay tabaco y preservativos, ¡y qué!
Yo, a lo mío. El cigarro está que echa humo, lógico, ya lo prendí. Ahora viene lo bueno: inspiro, espiro, inspiro, espiro, dedos y dientes amarillos, lengua como lija, paladar que está de adorno, garganta inflamada, bronquios que se atoran, pulmones que se llenan de bultitos, inspiro, espiro, ¡QUÉ PLACER!
¡PIIIII! ¡PIIIII! Esto seguro que es un SMS de mi cerebro ¡pues bueno! Parece ser que hay errores en el párrafo anterior. No se, a ver: sustantivos, verbos, artículos, esas cosas que llaman conjunciones, ¡joder! esto de escribir es complicado. ¡Ah sí!, ya lo veo, pues nada ahorita mismo lo cambio: inspiro, expiro, inspiro, expiro…
Por la ventana se cuelan rayos de sol. Los tonos grisáceos del humo se mudan de azules y violáceos. La luz deja débiles reflejos de colores que se prenden en mis retinas. Acuno las manos en el espacio dejando finas estelas de niebla. Una inquieta espiral de aire moldea el humo de la habitación. Los ojos se me extravían, abrumados, entre cientos de figuras. Me siento atrapado en un enorme calidoscopio. En el salón respiro el viejo Londres.
Del cigarrillo ya no queda ni la marca. Aplasto, con preocupante saña, la colilla contra el cenicero ¡dulce venganza!
Abro la ventana del cuarto, la fantasía se escabulle hacia la calle. ¿Por qué oigo unos relinchos tan cercanos? No me queda TA–BA–CO.
¡Dios mío! ¡Qué el cielo me ampare! Qué enigmático el cerebro, en qué momento se acuerda de lo divino. Iré a comprar una cajetilla.
Me calzo las zapatillas deportivas, me pongo una chupa, voy hacia la puerta de casa, la abro, salgo, giro el cuerpo y cierro la puerta, me dispongo a echar la cerradura y… ¡MIERDA! No hay llave.
Cierro los ojos. En mi interior se despierta el frenesí. Por instinto mis manos se agarran a… ¡no sé! Lentamente, pero muy lentamente, abro los ojos. Será otro éxodo a la sinrazón. Cabalgo sobre sus lomos, asido a sus crines.
Una vez leí una historia. Trataba sobre un cazador cazado o algo así…
Publicado por Atreyu15 @ 18:39  | Relatos del blog
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Comentarios
Publicado por seudolus
Martes, 06 de septiembre de 2005 | 11:28
Vaya con Atreyu, haciendo apología dura y pura del fascismo de derechas más puro y duro. ¿No sabes que según nuestro ultimo presidente (cuyo nombre no recuerdo, son tantos ya) ha dicho que es de izquierdas combatir el alcohol y el tabaco? Y tú ensalzando el vicio, contándonos como un pequeño y arrugado cilindro puede calmar nuestra ansiedad, cuando todos sabemos que esta se combate con disciplina mental y física. No se adonde iremos a parar.
Por lo demás el relato me gusta, es real como la vida misma ¿Quién no hurgó alguna vez en sus bolsillos en busca de un tranquilizador bálsamo para el alma? Además está bien escrito. ¿Es un relato poesía?.
Publicado por seudolus
Martes, 06 de septiembre de 2005 | 11:30
Huuuummmmm... humo nacido de yerbas calcinadas que penetran en nuestro olfato, llevándonos hasta el mismísimo núcleo de la puta magdalena de Proust, atorando nuestros pulmones con defecaciones de orco y nuestros cerebros con uno de esos momentos felices en los que ni tan siquiera pensamos, solo el humo ingrávido llenando la habitación.
Como hoy está lloviendo y no se puede trabajar en el tejado, y yo me acabo de zampar un bocata de jamón, ahora contribuiré con la paz de mi espíritu y el erario publico, metiéndome entre pecho y espalda un cigarrillo y un chupito de Magno.
Que tengáis un buen día.
Publicado por Atreyu15
Martes, 06 de septiembre de 2005 | 12:10
Escuché las declaraciones de Zapatero, ahora ya sé que no sólo lo parece sino que es subnormal, en fin hay cosas peores. La sorpresa para mí fue descubrir que Carrillo, tras su eterno cigarrillo en los labios, esconde un alma fascista. Guiño
Publicado por dijcris
Miércoles, 07 de septiembre de 2005 | 16:21
Fumador_buen relato...si señor,pero lo que hay que hacer es dejar de fumar, que nos perjudica la salud.
Yo voy a intentarlo un dia de estos.saludos_Gestos con las manos
Publicado por Atreyu15
Miércoles, 07 de septiembre de 2005 | 18:55
Un saludo, vecino de La Mezquita, agradezco tu comentario.
Dejar de fumar, he aquí la cuestión. Tarde o temprano uno siempre lo deja…jajaja.
Bien venido al Cajón. Guiño
Publicado por Nereida4
Viernes, 30 de septiembre de 2005 | 15:18
Ay qué terrible es la ansiedad provocada por el mono de tabaco Avergonzado, yo también la tengo padecida en alguna ocasión, pocas veces porque no me suele faltar un pitillo jajaja. Fumador

Atreyu, tú has plasmado muy bien esa ansiedad en el relato bañándola con un tono muy divertido e irónico (se me han escapado un montón de carcajadas), y todo ello aliñado con alguna que otra metáfora realmente buena (como por ejemplo cuando hablas de la esperanza comparándola con un bolsillo diminuto…, y cuando dices: inspiro, espiro…). En fin, que me ha gustado mucho. Sonrisa Guiño

Bienvenido Dijcris. Saluditos. Gestos con las manos