POLITICA...Y SOCIEDAD
Kalikrates el Ciniko / La Vallina
Luego quieren que uno no se ponga de mala leche, y que tenga talante (sin especificar si bueno o malo), y que dialogue con civilizaciones que ni conozco ni maldita la falta que me hace, mientras el colmillo de cíniko que adorna mi cuello se afila presto a la dentellada.
Y es que ahora el gobierno de turno (todos los gobiernos son de turno...y demás) me cuenta aquello de que por mi salud me la va a meter sin vaselina y en forma de otro impuesto mas cada vez que me calce una copa de Magno, o me fume un golpe de suerte. Niños malos que tenemos que pagar, por adelantado y en forma de euros, nuestro futuro destrozo de hígado y pulmones, la estulticia de mucha gente, y el llenarse los bolsillos de cuatro sinvergüenzas que no conocen la manera de bien gobernar un país, pero si la de llenarse el saco.
Seis veces fui al medico en los últimos diez años, cinco por accidentes laborales (de eso no se preocupan mucho) y una por un gripazo de los de cuarenta de fiebre. Aparte de los reconocimientos anuales en el trabajo. Informes que siempre le llevo a mi médico para que me los descifre:
-¿Cómo estoy Ángel?
-¡Cañón!
-Pues hasta el año que viene
Todo esto en un día de calor allá arriba en las tierras altas, después de una mañana agobiante trabajando en el tejado, cubierto de un sudor que deja surcos de suciedad en mi piel, unos vaqueros gastados y muy sucios, una camiseta sin mangas y con tanta porquería como los pantalones, y unas botas de seguridad que ya cansan un poco. Así que antes de comer paro en El Café, a tomar algo en la terraza, tranquilo y feliz. A la muchacha que atiende la barra ya la conocéis, y mientras sonríe me pregunta:
-¿Martíni de color con un chorro de Beefeater?
También sonrió mientras asiento con la cabeza y me quedo mirándole a las tetas (con el debido respeto claro) y espero que se de la vuelta para…para mirarle el culo, que os lo hay que decir todo.
Enciendo un cigarrillo mientras en la mesa de al lado los turistas de setiembre observan a un tipo sucio (seguro que también huelo mal), que fuma sin pedir permiso, y que además mira descaradamente a la niña que le pone el vermú, esta vez de frente, justo entre las caderas, en ese lugar donde las mujeres tienen una de las puertas de la felicidad.
Dos matrimonios cerca de los cuarenta y una muchachita con pinta de anoréxica hastiada de todo. Los miro mientras fumo, directo, a la cara, como hay que mirar, los miro sin descaro, con curiosidad de naturista que observa unos ejemplares raros raros raros. Imagino que ellos pensaran lo mismo de mí. Me echan miradas furtivas, un te miro pero no te miro, de machotes con el colesterol alto ellos, de "hay por dios que soy doncella" y el morrito arrugado ellas, la muchacha no se sabe donde está. Yo les doy un repaso a todos, ya sabéis sin pausa pero sin prisa, y le doy otro tiento al vaso mientras pienso ¡hay que joderse hermano! Estos tíos no son capaces de correr cien metros sin que les de el yuyu, y yo tengo que financiarles a ellos el desatasque de arterias jartas de colesterol, a ellas el psicólogo porque van mal folladas, y a la niñata el tratamiento contra la tontería.
Le doy el ultimo tiento a la bebida y apago mi cigarrillo, me levanto tranquilo y chulo, pues para eso me vi un montón de pelis de Clint Easwod, y les dirijo un justito y serio buenos días, al tiempo que me pongo mis X- treme categoría nº 3 CE.
Arranco la maquina y al pasar frente a ellos les observo detrás de mis gafas, mientras una de las mujeres acomoda el culo en la silla y se le escapa una mirada que lo otros no ven, pues están algo flipaos con el tipo de los vaqueros súper guarros. Me da la risa tonta de camino a casa, y pienso que por lo del nuevo impuesto no hay problema, pues ese va en la factura del próximo cliente, y me vuelvo a reír pensando en que puede ser el gordito de la terraza, el que tiene una mujer que acomodaba el culo en la silla mientras se le escapaba una mirada, y yo vuelvo a reírme de camino a casa, con el colmillo de ciniko afilado. Manda güevos.