Yo estaba por la labor de colgar un nuevo relato, pero entre la música de Emilio Cao, y que el azar te echa las cartas como le da la gana, el arpa y el sabor de las especias me llevaron hacia una receta de cocina. Aquellos que no la habéis probado hacedlo. Los que lo hicisteis podéis consideraros bendecidos por los inexistentes dioses.
Salud.
"CHOCOLATE ESPECIADO"
Habla Zaratrustra de nuevo, y nace su voz como una calma creciente de metales agudos y cueros graves, semejante a una marea tranquila y poderosa. Richard Strauss los guía desde algún lugar. A mi lado, un cáliz de cerámica, recipiente sagrado, cuyo interior alberga la bebida que en otro tiempo estuvo reservada a los dioses. Llega hasta mí el aroma dulce y fuerte de la canela, y este perfume me traslada hacia un tiempo pasado, un tiempo que por indefinido llega a parecer irreal. El olfato mezclado con el recuerdo, con lo vivido y lo soñado. Acerco el grial a mis labios anticipando la satisfacción del deseo, con un deleite casi pagano. La canela se hace más intensa, y al besar el cuerpo liquido percibo el sabor pleno del cacao, y el leve de la miel. Tomo un trago suave y calido, espeso, que llena mi boca. Humea el néctar con los últimos acordes, en un crescendo que al romper contra el alma del hombre se transforma en un estruendo armonioso, mientras noto en mi paladar, viajando hacia el pasado, el recuerdo picante de la pimienta, de la mano de Zaratrusta, en algún lugar de la memoria. Sentada frente a mí una mujer me mira entre maliciosa y divertida, todo su cuerpo sonríe al tiempo que, uno a uno, va soltando los botones de su corpiño con estudiada tranquilidad. En el cálido ambiente de la sala sus pechos me anticipan sensaciones dulces, y mientras acerco mis labios hacia ellos, presiento que esa era la especia que le faltaba a la bebida de los dioses. Un instante antes de saborearlos me pregunto si será eso lo que llaman "nueva cocina".
Y es que viajar a otras vidas no es tan difícil, si se tiene la receta.
Ingredientes para dos personas: En un recipiente de cobre pondremos a calentar 1/2 de litro de leche de vaca, será de la raza llamada "casina", de los pastos del valle, los de la montaña, al tener un sabor más fuerte, nos llevarían a otros tiempos menos apropiados para una noche como esta. Cuando empiece a tomar temperatura le añadiremos nueve porciones de chocolate a la taza, que no tenga un alto contenido en cacao. Lo calentaremos sin que llegue a hervir, controlando el justo punto de espesor, calor y proporciones, con el mimo de un alquimista buscando la receta de su piedra filosofal. Llegado a él añadiremos una cucharada y media de miel, también del valle, pues la del monte es pura alma de brezo, y esa debe de tomarse sola, o acompañando el pan de escanda. Retiramos nuestro caldero de Lug y vertemos en él ocho pizcas de canela y una de pimienta negra, ambas recién molidas, es muy importante remover los ingredientes con una cuchara de madera, a ser posible de boj. Servir en tazón, y tomar a tragos pequeños y ausentes.
Besos que nos da la vida y que hacen sonreír nuestra mirada, mientras nos van dejando un sabor dulce en el alma.