¿Veis una espiral en la figura?
Pues, aunque así lo parezca, no hay ninguna espiral. En realidad lo que hay es una colección de círculos concéntricos, basta elegir uno de ellos y seguirlo con el cursor del ratón para comprobarlo.
Este efecto se debe seguramente a que nuestro más bien vago cerebro, al ver tantos movimientos dirigidos hacia el centro, supone que las líneas blanquinegras también se dirigen a él y, dado que tal hipótesis no entra en contradicción con ningún otro estímulo, no se molesta en realizar análisis adicionales.
¡Ay! ¡Si es que no se debe dar nada por supuesto! jajaja 
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