jueves, 28 de julio de 2005
Inspirado en el poema Palabras nunca dichas, de José Agustín Goytisolo.



Se consume el cigarrillo en mi mano izquierda. La vista cautiva, sigue la serpentina de humo que me lleva hasta el cielo raso de la habitación. El hilo gris teje una red incorpórea de la que una y otra vez soy presa desconcertada. Un blanco tapiz, urdido de clones inertes en espera de palabras que tatúen su piel, cubre mi escritorio. En éste, reflejando un exceso, sobresale un cenicero empachado de colillas y de una inquieta ceniza que revolotea al capricho del aire clandestino filtrado a través de la ventana entreabierta. Tiembla en mi diestra un bolígrafo, cual vara de zahorí en busca de nuevas aguas. A mis pies una vieja cárcel de hojalata; allí, encerradas, entre pliegues de papeles reposan las palabras ya usadas.
Trato de escribir palabras nonatas; escondidas en mis entrañas, aguardan allí, las que en ningún tiempo han sido ensartadas por el hilo invisible de la gramática. Me desgarran y la angustia turba mi ser que derrama un mudo llanto; lágrimas que a modo de acuosos dedos oprimen mi corazón y es tan extremo el anhelo que hasta la propia luz del alma se puede advertir eclipsada. Mi piel dilata sus poros, cráteres de un volcán que quieren dejar escapar lo que llevo dentro, tratando así de aliviar el doloroso trance por el que vaga mi cuerpo. Palabras no escritas, único remedio, un último suspiro que en vano pretende llenar ese vacío que se convierte en mi dueño. Una ola se aventura en mí para morir en los labios y su agónico susurro rompe la encrucijada.
Hoy he vuelto a escribir…
Palabras.
Publicado por Atreyu15 @ 18:49  | Relatos del blog
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Publicado por Nereida4
viernes, 29 de julio de 2005 | 0:29
Palabras escritas desde el alma,
Alma entregada en las palabras,
Palabras que llegan al alma.