Santana de Montarés, en un veintiséis de julio madrugador, con mujeres que cuidan la empanada que hornea mientras los hombres desayunan café y copa de Magno antes de ensillar los caballos, se mezcla el holor del tabaco rubio con el aroma de la comida que se está cocinando para la fiesta y los pequeños se quitan las legañas expectantes ante un día que no existe en su recuerdo.
En Santana ente nos touxos
Busquet´i nun t´atopaba
Canciaben los reiseñores
Yo pensei qui me nomabas.
Suben las mozas a buscar novio, aguardaran cola para entrar en la ermita y poder tocar la pera de plata que la santa sujeta entre sus manos, si tienen algun dolor en el cuerpo se pasaran las cadenas que guardan el idolo, por la zona afectada, y al final del dia acabaran entre los tojos curando alma y cuerpo con la ayuda de algun mozo, como manda la tradición, desde hace siglos y por los siglos.
Lo divino siempre está en las alturas.
Telefónica también.
Desde Santana vemos la rasa costera, la barra de San Esteban y la playa del Sablón, la Isla La Deva y al fondo el cabo Torres.
So les agues Deva foi
La diosa q´atapeció,
Piedra dura, sable llandiu,
Prieta murnia alredeor.
Y yo que conozco el lugar adivino donde esta mi casa, en el pico del fondo.
Feliz siesta.
P.D. No soy capaz de ampliar las fotos, ni de insertarles texto alguno...de bombones p´a que te cuento.